Estimados amigos, hoy les traigo un poema que hice para un amigo que falleció el año pasado, a quien me costó reconocer en una de sus últimas fotografías.
Ese que sonríe en tu compañía
Un delgadísimo brazo cruza tu espalda en la fotografía;
el otro sostiene una taza de té
que deja caer en el plato lágrimas gruesas,
como las que ahora corren por mis mejillas.
Te veo sonriente, divertido.
Lo sé: entre ustedes dos, cómplices,
una sola palabra trae muchos recuerdos y muchas carcajadas.
Ese que sonríe en tu compañía,
de estampa desconocida,
se me parece a alguien que yo amé,
pero me cuesta reconocer
sus ojos, su piel,
la boca que tanto me hizo reír…
El calendario ha lanzado migajas,
el tiempo devorando sus minutos finales…
¡Muchas gracias por su lectura!