Por ende, creando en nosotros mismos un poquito de conciencia, elegiremos cada vez aquello natural a lo sintético, el sabor de los productos de la tierra sin fertilizantes y herbicidas logrará alimentar mucho más y hacer menos daño que lo que tomamos empaquetado, endulzado, conservado y almacenado a diferentes variaciones de temperatura, para luego colocarlos en el refrigerador y consumirlo, tal vez al llegar o tal vez días después. Hay algo en la comida fresca y orgánica que nos obliga a tener los pies puestos sobre la tierra y vivir en el tiempo presente, una lechuga fresca debe lavarse suavemente y limpiarse con un poco de vinagre o con agua y sal, antes de consumirla, casi que inmediatamente.
Nadie elegiría para sí una fruta seca, arrugada y sin brillo, por el contrario, nos gusta oler, tocar y sentir aquello que vamos a consumir. Pues de ahora en adelante al comprar, tomaré en cuenta lo que pasó con el alimento antes de ponerlo en mi mesa, y se que es algo que a nadie le gusta internalizar, pero el cambio comienza de a poco (si quiere ser realmente duradero y significativo).
Aquí les dejo unas flores del jardín, hoy florecidas, recordando que este domingo hay que tomar un poco de sol.
[Tomada desde mi LG K5 ]
[Tomada desde mi LG K5 ]