Nosotros le damos el precio a las cosas de nuestra vida, de manera objetiva y subjetiva, dependiendo del sentimiento, arraigo o deseo que sintamos hacia las mismas.
Una de las cosas que enseña cualquier religión es exactamente eso, “el valor de las cosas”, el valor de la vida, el valor del aire, del agua, de nuestra familia, amigos, de nuestros bienes materiales, entre otras, y de qué manera nosotros debemos sentirnos agradecidos con todo ello.
La algoritmia, el ciclo, el normal funcionamiento de nuestra vitalidad, lo llevará a cabo aquel individuo que tenga sus prioridades bien establecidas, y sepa darle el correcto valor a los elementos que conforman su vida.
Y como todo comienza desde lo más sencillo a lo más complejo, es lógico pensar que para establecer orden, debemos tener una buena salud mental. Tenemos que querer, apreciar y valorarnos a nosotros mismos, porque cuando esto no sucede, ¿cómo podríamos estimar correctamente lo que hay en el exterior, en nuestro entorno?
Una persona con mareas mentales tiene dificultad para desarrollarse en una sociedad, le cuesta respetar su propia mente, su propio cuerpo y espíritu, aplicando todas esas leyes a su jerarquía de valores. Algo lamentable pero reparable.
Una de las cosas que más deberíamos valorar es nuestro Tiempo.
El tiempo sí que no se detiene ni se devuelve, es totalmente intangible. Lo que hacemos con él, queda encriptado en nuestra Blockchain (cadena de bloques) mental, y ésta la reflejamos con nuestra historia de vida, algo absolutamente imborrable.
Conozco a varias personas que en el tiempo de secundaria, al graduarse conmigo, se confiaron del hecho de que “Eran muy jóvenes y tenían mucho tiempo para pensar luego en continuar estudiando o hacer algo”, siempre supe que pensar así era de mediocres. Ahora en el presente, aquellas personas que decidieron vivir bajo esos ideales, siguen sin ser nadie en esta vida, algunos les agarró la muerte primero y otros, se arrepienten de haber perdido tanto tiempo valioso.
He oído decir que “Nunca es tarde para hacer algo”, pero se equivocan, nadie puede manejar el tiempo y lo que debiste hacer en un momento específico y no hiciste, desencadenó una serie de acontecimientos en tu vida que luego costarán mucho más remediar. Y la verdad no es la idea.
Las cosas que conforman nuestro mundo, realmente debemos apreciarlas, debemos ser agradecidos. Qué lamentable cuando un hijo aprende a querer a su padre una vez que éste ha muerto. Lamentable también, aquella persona que se da cuenta del amor que siente por su pareja una vez que ésta se ha ido.
Nuestras acciones son imborrables, quedan marcadas en el tiempo y en la memoria. Por suerte, tenemos el futuro en nuestras manos, sólo debemos mirar lo que hay a nuestro alrededor y "Valorar".
¿Cuánto nos ahorraríamos si apreciáramos las cosas que tienen verdadero peso? ¿Por qué esperar a perder algo para darnos cuenta de lo mucho que lo queremos en nuestra vida?
El valor y el agradecimiento lo debemos practicar a diario, inclusive, hasta en las cosas que creamos más insignificantes. Hay que poner a trabajar nuestra mente, necesitamos que ella nos ayude a responder las incógnitas de la vida con un gran sentido de realidad y coherencia.
Trabajar por nuestra felicidad, por intentar conseguir lo más cercano a la perfección. Eliminando cualquier voz misteriosa que pueda dañarnos con pensamientos tóxicos.
Lo que demos desde nuestro interior, es lo que recibiremos del exterior. La vida es un toma y dame, algunos le llaman Karma, algunos piensan que todo es obra de algún ente poderoso, pero sencillamente son las consecuencias de nuestras acciones. Vamos a preocuparnos por ser mejores personas hoy, mañana y siempre, el tiempo corre y nadie sabe lo que puede suceder mañana.
¿Y tú? ¿Estás valorando lo que tienes contigo?
Saludos.