El Ser y su gran dilema existencial, el de poseer el de encontrar y crear para si su satisfacción personal, la búsqueda central puede basarse en lo material y como ejemplo podemos imaginar a una persona caminando cabizbajo, mirando hacia el suelo como si en ese suelo pudiera hallar la solución a sus problemas.
Dado que se piensa un desdichado por no poder conseguir una luz de suerte para su vida, pues todo le sale mal y el agobio es interminable, y en ese transitar como perdido, ve con asombro un billete de dinero y por ende ese billete trae consigo la ayuda necesaria para enfrentar lo que tanto le preocupaba.
Su ánimo de repente varia y se siente eufórico porque la desgracia de otro por haber perdido ese dinero, le permitirá salir de su gran decepción, claro está que ahí nace la necesidad de encontrar otra vez dinero, dado que ya se tilda como un hombre de suerte, olvidando que lo encontrado lo sacó de la mala circunstancia por la cual estaba atravesando.
Y fue así que volvió a repetir el sendero que había hecho día a día y cada vez que pasaba la desazón crecía y tomaba deudas para satisfacer su necesidad de bienestar a cuenta de que la buena fortuna le brindaría otra posibilidad de hallazgo de dinero, fue así que este Ser sucumbió en la desdicha.
Este ejemplo habla de esa necesidad engañosa de los seres humanos de obtener en principio una estabilidad y después la búsqueda constante de crecimiento con el fin de acrecentar desde la avaricia felicidad, y la felicidad no es un estado que se compra con dinero.
Con dinero compramos cosas y términos que nos lleven a la felicidad y lamentablemente por no ser algo natural que se genera desde nuestro interior de sentirnos felices.
La felicidad comprada dura muy poco, está el esfuerzo físico que todos los seres hacemos para lograr bienestar, sea desde lo laboral, el estudio y nuestras capacidades netas por conseguir felicidad.
Quien desmienta que todo lo que existe en este plano mental del Ser no esté involucrado con la felicidad miente, pues es el sendero que transitamos aun en medio de las peores catástrofes humanas, es poder sentirnos felices sea con lo que fuere.
Lo lamentable es la insatisfacción, ese cuadro que anula toda expresión natural de sentir plenitud, porque nos vuelve acaparadores seriales, para poder sentirnos realmente dichosos aunque sea un instante efímero, pues a mas alto grado de insatisfacción, es más alto la pérdida de la plenitud.
Este grado de carencia del disfrute por la sencilla razón de ser, también no nos permite sentir el amor y amar sin la necesidad de apegar, de sostener y de acaparar, pues de tal manera ahogamos u asfixiamos con nuestra insatisfacción personal todo proceso de felicidad real, nacida del potencial interior que todos poseemos y que nos libera de la tensión del no tener.
Encontrar la felicidad cada vez es más ficticio es más fingida, es más un derecho de obtención, de poseer, del yo quiero, y del yo tengo.
Se va perdiendo lentamente toda posibilidad de ser feliz, pues creemos fervientemente que la felicidad se compra…
Soy feliz por el solo hecho de expresar lo que siento sin la necesidad de que crean en mí, soy feliz aunque te preguntes como puedo ser feliz si no tengo nada, soy feliz porque no me resisto a creer que la felicidad sea producto de un estado que se contagia y que una publicidad recree motivos felices a conseguir o igualar.
Soy feliz y admiro la felicidad sin artilugios, respeto a quien la debe conseguir en la medida de sus posibilidades materiales, pero no le creo cuando sonríe solo para mostrar lo logrado.
Soy feliz compartiendo y recibiendo cariño, respeto y admiración, soy feliz porque aprendí que la insatisfacción no tiene fin…