Al principio me costó admitirlo, pero fueron sorprendentes y temporales, esos pensamientos que no querían salir de mi cabeza como si estuviesen arraigados, en mi mente los llevaba presente día y noche se habían convertido en un tormento lleno de silencio, esos pensamientos simplemente eran el reflejo del miedo que sentía de saber que un día dejaría de ser joven y que tendría que comenzar de nuevo en otro lugar, un lugar muy diferente lleno de extraños , dejando atrás a muchas personas principalmente a buenos amigos que tal vez nunca más volvería a ver y llevándose consigo a un centenar de historias que quizás algún día sean olvidadas, olvidadas por ellos/as o no , siempre tratare de mantenerlas vivas en mi mente.
Porque ¿cómo olvidar grandes y gratos recuerdos llenos de vida y alegría? que en su momento fueron como un destello de luz en un día nublado.
Aún recuerdo claramente aquel día, un día un poco lluvioso de esos que les suelen gustar a cualquiera en donde los rayos del sol duermen y rara vez se les suele ver , regresando de la universidad me encontraba en el bus de camino a casa como parte de la rutina que a veces solía ser un poco aburrida y veo que a mi lado se sienta una señora un poco ya mayor, y empieza a leer un pequeño libro, en ese momento con mucha curiosidad le preste atención a lo que ella estaba leyendo y sin querer me fije en una frase que golpeo mi mente de una manera tan fuerte que incluso fue más allá que cada uno de esos pensamientos que ciertamente no me dejaban tranquilo, fue tan inefable ese momento que si alguien me hubiese preguntado ¿Cómo me había sentido?
Lo único que hubiese hecho era, repetir lo que había leído, esa frase de forma muy personal me dijo:
“No tengas miedo de lo inevitable, avanzar es esencial, es lo que nos hace evolucionar como personas, lo que has vivido te hará fuerte o débil dependiendo de cómo lo tomes, el camino está ahí y tú decides si continuar o detenerte y pasar así toda una vida pensando que habría pasado si hubiese elegido continuar”.
Desde ese momento mi mente quedo impregnada por esas palabras que quizás para otros no tengan ningún sentido ni valor alguno, pero, que cuando menos lo esperaba aparecieron en el momento justo e indicado para cambiar lo que venía pensando día tras día como si fuesen mi mejor compañía.
Ya finalizando el viaje rutinario que siempre me esperaba al regresar a casa, la señora que venía a mi lado muy amablemente se despidió como si hubiésemos mantenido una conversación durante todo el camino, cosa que recuerdo claramente, nunca paso, aun así después de despedirse se mantenía sonriente como si algo muy bueno le hubiera pasado o tal vez por algo bueno que ella había hecho, en mi caso sin entender claramente, el por qué actuaba de esa manera, me despedí de una forma muy similar como si fuésemos buenos amigos. Al pasar de unos varios minutos , caminando a mi casa y sin dejar de pensar en todo lo ocurrido, decidí andar por los caminos más solitarios, por allí simplemente me esperaban calles vacías y muy poca gente, parece algo ilógico y absurdo, pero fue lo que sucedió, empecé a meditar y llegaron como unas bandadas de aves a estacionarse en mi cabeza un sin fin de pensamientos e ideas y sobre todos ellos/as , se destacaba, el poder que tienen las palabras para afectar de manera positiva o negativa a los demás, y sin querer en mi rostro se dibujó una gran sonrisa que ya hacía mucho tiempo echaba de menos y finalmente comprendí lo que había sucedido anteriormente y el por qué ella sonreía, realmente había hecho algo muy bueno, de una forma sutil e indirecta me había motivado.
Al transcurrir de los siguientes días ya tenía las cosas más claras, se habían ido esos pensamientos que en su momento me hicieron dudar de lo que quería hacer y realizar en un futuro y tome la decisión de cerrarles las puertas, para que cuando quisieran regresar tuvieran como única opción huir muy lejos.
LEJOS DE ALGUIEN QUE APRENDIÓ A AVANZAR, ENFRENTANDO MUCHAS ADVERSIDADES Y QUE ENCONTRÓ SU CAMINO EN ESTA VIDA.