Mi primera vez

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Yo fui un niño de un desarrollo físico precoz, a los 10 años aparentaba tener unos 14.

A mi desarrollo físico lo acompañaban una cara, y una bien ganada reputación de distraído.

Cuando mi madre vio que me crecía rápidamente el bigote y la barba, con solo 10 años, me llevó al médico un tanto preocupada; el doctor le dijo que eso era normal, que había niños así; me catalogó como un niño inteligente, hiperquinético y sumamente distraído.

No puedo recordar cuando comencé a ver al sexo opuesto, como esos seres humanos que miras de una manera diferente a los varones, pero fue desde muy pequeño.

Me sentaba en el piso para ver por debajo de las faldas, mientras todos fijaban como locos sus ojos en la pantalla del televisor, yo utilizaba a la máxima expresión la capacidad periférica de mi vista, para llegar hasta ese preciado ángulo que dejaba al descubierto la minifalda, donde brillaba como un faro en el mar, una pizca de la más preciada prenda íntima.

Para esa época llegó a mis manos una revista súper pornográfica, que se llamaba "El gozón", mi primer y único tesoro escondido.

La sacaba del colchón en las noches, y vivía las horas más felices de mi vida, abrazando frenéticamente la almohada con las piernas, ahogándome, con el corazón en los ojos, sintiendo que la vida tenía un sabor a tamarindo.


Fuente

Camino a la escuela había una casa vieja, con un aviso fosforescente, rojo, que decía: "El Bellavista".

Poco a poco me fui dando cuenta que a la puerta se asomaban rostros y cuerpos iguales a los de mi revista, fueron seis años pasando por allí todos los días, incrementando profundamente mi deseo de que llegara el día en que yo pudiera entrar, y vivir en vivo, la vida de la revista y mi almohada.

A los 12 años yo parecía un hombre, y tenía deseos de hombre, pero era un niño.

Un niño capaz de hacer lo que sea para tener su primera mujer.

Mi primo era un parlanchín que se vanagloriaba de ser un hombre con mucha experiencia con las mujeres Del Bellavista; mientras los otros escuchaban atónitos, sus historias, yo copiaba la logística, el protocolo para entrar al paraíso.

Di el paso de realizar el primer ilícito de mi vida, tomé prestada la cédula de mi primo.

Cuando me asomé a la puerta con la cédula en la mano, ella me metió de un templòn dentro de la casa, miró la cédula y luego me preguntó:

-De quién es esta cédula? ¡No me mientas!
_De mi primo_dije apenado
-¿Qué edad tienes?

Le iba a decir la verdad, pero el instinto me dijo que era demasiado, entonces le respondí:

-16

-Necesitas 18 -me dijo pasándome la mano por la cabeza -¿Cuánto trajiste?

-10 bolívares -le respondí mostrándole el billete.

-Vamos a ir -me dijo mientras me llevaba a la habitación -pero no se lo puedes decir a nadie.

Cuarto pequeño, paredes rosadas, luz tenue, un lavamanos con una pastilla de jabón rosado, una toalla, un espejo, y un cuadro del sagrado corazón de Jesús.

-Tranquilo -me dijo al sentirme temblar.

Tomó agua del lavamanos en una poncherita de peltre, hizo espuma con el jabón rosado, me bajó el cierre, y me ungió con agua del Bellavista, con sus manos como palomas blancas que me colmaban de placer.

Apagó la luz, me llevó a la cama suavemente, siempre en silencio, me envolvió con su cuerpo como una ola que me arrastraba hasta el mar. Lo tomò con sus manos, como una maestra que enseña a escribir las primeras letras, y me enseñó a escribir el camino de mi primera vez.


Fuente

Al salir voltee para verla, me regaló una mirada dulce y su mano batiéndose debajo del letrero rojo, en un adiós que yo jamás olvidaría.

Mi primera vez | Ecency