De hombre a hombre

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Les traigo un relato con sabor a pescado y a infancia. Dedicado muy especialmente a adncabrera@adncabrera.

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Foto propia

De hombre a hombre

Vivo frente al mar, aquí nací, mis más agradables recuerdos de infancia son pescando desde la orilla con mi papá. Pescar tiene sus trucos: se le da vueltas al nylon, así como hacen los domadores para enlazar a los caballos, y se lanza al mar; el nylon tiene un peso en la punta, más los anzuelos, silba el cordel "guas, guas", primero una onda pequeña, progresivamente más grande sobre nuestras cabezas, se suelta en el momento preciso, y vuela muy lejos.

El anzuelo está en el fondo, papá mantiene el cordel en su dedo índice, con el brazo en alto, callado; me hacía señas indicándome que estaban picando y luego, zas, daba un templón, y casi siempre algo caía.

Un día nada picaba el anzuelo de papá, cosa rara, porque tenía fama de tener muy buena suerte en la pesca de orilla. Ya, a punto de venirnos derrotados, picó algo; papá haló rápidamente hábido de saber qué era, lo levantó frente a mi rostro y dijo:

-Qué desgracia, un chere chere -.

-Papá -, le dije extrañado -, ¿pero ese no es un coro coro?

-No, mijo, se parece, pero no es lo mismo; tú metes un coro coro en el sartén, se extiende, se esponja y rapidito está listo para comer; el chere chere, no, él se engrincha en el sartén, le cuesta freírse, es terco, tiene la espina a patá, pero no sabe tan mal.

-Pero son igualitos -dije sorprendido.

Llegamos a la casa, mamá esperaba por la pesca del día para preparar la comida; al vernos llegar preguntó:

-¿Qué trajeron?

Papá respondió rápidamente: "Coro coro".

Ese día, papá me miró por primera vez de hombre a hombre.

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