Foto propia
De hombre a hombre
El anzuelo está en el fondo, papá mantiene el cordel en su dedo índice, con el brazo en alto, callado; me hacía señas indicándome que estaban picando y luego, zas, daba un templón, y casi siempre algo caía.
Un día nada picaba el anzuelo de papá, cosa rara, porque tenía fama de tener muy buena suerte en la pesca de orilla. Ya, a punto de venirnos derrotados, picó algo; papá haló rápidamente hábido de saber qué era, lo levantó frente a mi rostro y dijo:
-Qué desgracia, un chere chere -.
-Papá -, le dije extrañado -, ¿pero ese no es un coro coro?
-No, mijo, se parece, pero no es lo mismo; tú metes un coro coro en el sartén, se extiende, se esponja y rapidito está listo para comer; el chere chere, no, él se engrincha en el sartén, le cuesta freírse, es terco, tiene la espina a patá, pero no sabe tan mal.
-Pero son igualitos -dije sorprendido.
Llegamos a la casa, mamá esperaba por la pesca del día para preparar la comida; al vernos llegar preguntó:
-¿Qué trajeron?
Papá respondió rápidamente: "Coro coro".
Ese día, papá me miró por primera vez de hombre a hombre.