No he nacido para esto, tengo que admitirlo. A los cuatro, apenas una ni帽a, el r铆o quiso arrastrarme, solo yo s茅 por qu茅. A los dieciocho un barbero quiso matarme, cualquiera puede imaginarse por qu茅. A los treinta y dos quise lanzarme por el balc贸n, nadie sabe, ni siquiera yo pero sigo aqu铆. El tema es que Ramona quiere que muera por ella. Ramona, nombre de flor muerta. Ofensivo de Ram贸n. Ramona que me parece una silla arrastrada en una reuni贸n provincial. Ramona, que la conoc铆 en la cola y le faltaba un peso para completar el dinero del picadillo. Le di el peso y luego me pregunt贸 si pod铆a ir a tomar agua a mi casa. Al d铆a siguiente fue a pedirme un libro, un libro para hacer cucuruchos de man铆. Al tercer d铆a llam贸 a la persiana y le dije desde el cuarto no estoy, me llev贸 el r铆o, me mat贸 el barbero y me lanc茅 por el balc贸n. Por qu茅 tuve que conocer a una Ramona!? Y no es por el nombre caray, que he hablado con Aurelias poetas y Estafandras doctoras. Pero Ramona todos los d铆as necesita completar el dinero de algo y envolver cucuruchos. Ramona que es como un elefante en el jard铆n de amapolas. Un algo lastimoso. Habla tan suave que parece un chillido, no s茅 si me entienden. Cuando lo hace solo pide y me ve como si fuera el comprobante de la Western Union. Hoy vino a pedirme que muera por ella como ella lo hace por m铆, y que le hac铆an falta dos libros y cien pesos. No nac铆 para ser buena, la vida me alert贸 tres veces y pues, no me qued贸 m谩s remedio que recordarle a su madre, luego a su abuela porque dijo no tener madre. No he nacido para esto, tienes que saberlo, Ramona. Ramona con R de ferrocarril, con R de redescarada. Bajando las escaleras dijo, me he enamorado de ti. Me quedo pensando y llego a la conclusi贸n de que es esta la cuarta vez que la vida quiere aniquilarme. Quedo sin paciencia, sin dinero, sin deseos de brindar agua ni de ayudar a quien le falte un peso. Tienes que entenderlo, no nac铆 para esto. No me interesan las caras bonitas ni que mueras por m铆, RRRAmona.
Voy a escribir los versos que me d茅 la gana esta noche. Hablar de una forastera se me hace bonito, recordar que fui cambiada por bloques y cemento, triste. Cerraron fronteras, volvieron los apagones, ando en celibato y estoy como una cabra. Mart铆nez Rivas dijo que hay cielo, infierno y pasteles. Vamos a suponer que la forastera no ha probado nunca un pastel a pesar de saber c贸mo se hacen. Hay quien piensa que el cielo es m谩s az煤l del otro lado de las fronteras y que un apag贸n es el infierno. Mart铆nez Rivas dijo: Infierno de cielo, un expediente. Deber铆an abrirme un expediente y no exactamente porque est茅 loca. He ido de aqu铆 para all谩, de cielo a infierno y viceversa, con ganas de ser 谩ngel y sacan mis demonios. Un pastel se hace como el concreto. Una forastera puede ser constructora. Alguien que intente permanecer en celibato debajo de estos versos estar铆a diciendo mentira. Pero yo escribo los versos que me de la gana y me tiro a la forastera que lleg贸 de all谩, donde no hay apagones, donde cualquiera puede tener ladrillos y cemento y hacer un enorme pastel, de all谩 donde siempre subjetivamente hay luz. Y digo no, voy de cuernos contra la pared pero se las piernas se abren, no el cerebro. Es as铆 de complicado, un infierno de cielo como dir铆a Mart铆nez Rivas, como dir铆a esta loca que escribe lo que le da la gana y luego se lo da a la cabra para que lo mastique, como si fuera el expediente. El pastel no siempre fue de manzana (esto es Amor, quien lo prob贸 lo sabe) dijo Mart铆nez Rivas. Mientras tanto yo seguir茅 escribiendo, no es tan bonito como hablar de la forastera, besar a la forastera, pero estoy en el medio del camino, un 谩ngel endemoniado, a oscuras, y con ganas de comerme un buen pastel; ah, y comer no ser铆a el t茅rmino correcto, dice la cabra, los versos son los que se comen.
Me estoy volviendo loco flaca, dijo tras cerrar la puerta. Sac贸 del bolso de utensilios su navaja m谩s grande y me la ense帽贸, te voy a matar, me est谩s volviendo loco y no va. Empec茅 a temblar casi a convulsiones, llor茅 y le ped铆 que no lo hiciera pero 茅l camin贸 de un lado a otro sin mirarme, sin responder. Qu铆tate la ropa, qu铆tate todo flaca. Y me fui desprendiendo de todo poco a poco. Me fij茅 en la decoraci贸n del lugar, era una mezcla de afiches diab贸licos y mujeres famosas, hasta mi Monroe estaba ah铆. Qued茅 completamente desnuda, t铆rate a la cama. No te vas me o铆ste, no te vas ni cojones flaca. Pas贸 la navaja por mi cuello pero ya yo hab铆a aceptado morir en las manos de un barbero que se cre铆a mi due帽o porque me hab铆a salvado de un accidente a ochocientos ochenta y ocho kil贸metros de mi casa. Fue bajando la mano con la navaja muy lento por mi pecho hasta llegar al vientre. Cerr茅 los ojos y despu茅s de mucho tiempo me acord茅 que Dios exist铆a. El barbero abri贸 mis piernas, no te muevas flaca. Empez贸 a afeitar mi sexo de rara manera, dej贸 su inicial en el pubis como si fuera un pelado profesional. Te vas a hacer un tatuaje con mi nombre y te casar谩s conmigo. Pensabas irte eh? No sabes agradecer nada puta de mierda. Solt贸 la navaja y acarici贸 mis hombros, mis senos. Sus ojos revoloteaban encima de m铆 pero no hab铆a rastro de excitaci贸n sexual en aquel hombre. Tocaron la puerta, ni帽o est谩s ah铆? Era la voz de una se帽ora, una voz tierna en busca de su beb茅. Y no fue el barbero loco quien contest贸, fue un hijo malcriado, voy mami que estoy con una clienta, con la flaca de ayer te acuerdas? V铆stete dale. Me amarr贸 de manos y pies y me meti贸 debajo de la cama. Sali贸. Sent铆 el chasquido de un candado al cerrar. A los cinco minutos abrieron la puerta. La se帽ora vino directo hasta la cama. Se agach贸, cort贸 la cuerda y me puso la misma navaja en el cuello. Le dije al ni帽o que no eras t煤 la flaca del accidente, t煤 eres una puta cualquiera. Qu铆tate la ropa anda. Dijo la se帽ora con voz de mando, y su mano estirada hacia m铆 con la navaja pegada a mi pecho. El barbero llama a la puerta. Mami la vi, mami ven que la he visto por la esquina, esta s铆 es mi flaca. Se fueron. Qued贸 la puerta abierta. Esta vez fui yo qui茅n cogi贸 la navaja, ser茅 yo quien te encuentre flaca.
Ronald Shakespear dijo en una de sus charlas en el R铆o de la Plata por all谩 por el 2014, "Nunca pidas permiso". El viejo fanfarr贸n contaba sus invenciones sobre el dise帽o e ideas, una inconexa con la otra pero lo hac铆a tan bien que la gente saboreaba el tiempo, hasta su voz. En cierto momento deje de escucharlo, me qued茅 fija en la frase con que hab铆a dado comienzo: nunca pidas permiso. De ah铆 para ac谩 irrump铆 en la vida de personas que cre铆 fant谩sticas, y fueron fant谩sticos los fracasos. Dej茅 de pedir permiso al llegar pero tambi茅n al marcharme. Dije verdades tan hirientes como el adi贸s de un gatito, y es que para decir una gran verdad nadie te puede dar el permiso porque siempre haces da帽o. Y el viejo hablaba de su madre, del dise帽o en la luna, de Duncan y que le importaba un carajo no s茅 qu茅 cosa. Me puse de pie y casi al salir del sal贸n 茅l detuvo su verborrea, pidi贸 un aplauso para m铆. Justo antes de pasar la puerta me dijo: s茅 que escribes y pagas el precio de hacer lo que te da la gana, pero hoy pagaste para escucharme y te quedas. De pie, all谩, lo v铆 hablar sobre Holmes y el Dr. Watson, una peque帽a an茅cdota en donde Holmes le dijo est煤pido a Watson y a m铆, cada quien ve lo que sabe. A m铆 tambi茅n me hab铆an llevado la carpa supuse, a m铆 tambi茅n me hab铆an robado el dinero por venir a ver este viejo egoc茅ntrico que compara la tecnolog铆a con el culo de un caballo. Pero he seguido sin pedir permiso como si aquellas palabras hubieran sido una marca de acero caliente, o una cruz de onion en mi sien. Nunca estuve en ese sal贸n pero hubiera querido, hubiera hecho lo mismo, hubiera pensado lo mismo. Lo habr铆a esperado y qui茅n sabe compartir铆amos un caf茅. Sus palabras finales? "El dise帽o no es necesario, es inevitable" As铆 es la poes铆a, llega en cualquier momento, en cualquier circunstancia para salvarte, sin pedir permiso.
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