Volvemos a dar pasos por esos lugares que nos vieron nacer, crecer y descubrir tanto de la vida.
Volvemos a caminar sus calles, pero no somos los mismos, de hecho hay nostalgia pero algo dice que ya no pertenecemos igual, ha cambiado tanto.
Aún cuando ciertas estructuras tratan de perdurar en el tiempo, las bases donde fueron fundadas no han podido ser inmunes a los cambios, así como nuestra alma.
Se siente un sol distinto y faltan detalles, pero cierro los ojos y se sienten las risas, la picardía, los juegos y los regaños.
Un dolorcito se insinúa en el corazón, ganas de mirar y ver la figura que anhelo haciendo lo de siempre.
Pasa un carro de helados, mi papá ve que lo veo con ganas, pero justo no tengo dinero... Saca unos billetes de su bolsillo y me los entrega, me siento niña otra vez y veo en su mirada ese brillo del deber cumplido de un padre que cumple un deseo de su hija. Se lo que se siente, porque también soy madre y aunque mis hijos sean mayores siempre serán mis bebés que querré consentir.
Me como la barquilla viendo la casa donde pasé los primeros años de mi vida. -Gracias- digo. Le pido a mi esposo que me haga unas fotos para hacer este escrito, se me hizo inevitable compartir mi nostalgia con ustedes.
Gracias por ser parte de este pedacito de mi vida.
En las imágenes la casa donde nací y viví hasta mis 7 años. 🥹🥰
Un abrazo
Zully. 🥰