Aquella noche todo estaba en silencio dentro de la casa, en su habitación, bajo las sábanas, solo se escuchaba en la lejanía el motor de algún vehículo transitar por la avenida colindante con la ventana lateral de su habitacion.
La cama estaba dispuesta de frente al escaparate de puertas anchas, corredizas, de madera etamborada, de las que siempre una de las 3 puertas quedaba ligeramente abierta, allí se acomodaba Daniela cada noche, dócil y silenciosa.
Aquella noche era de esas en que la única luz en el firmamento es el gran astro lunar, alzado brillante y deslumbrante sobre el profundo negro horizontal e infinito, no se movían las hojas de los árboles ni rodaban por el suelo hojas o papeles que el viento pudiese arrastrar, era una noche fresca pero inmóvil aunque de atmosfera pesada, solitaria, la única compañia era Daniela, aunque a unos metros distante de la cama.
Se había preparado para dormir, había apagado las luces, asegurado la puerta de entrada y dejado los cristales de las enrejadas ventanas abiertas de par en par para que entrara el aire fresco y sentir un poco de compañía con el sonido de alguna vida que se manifestase en el exterior.
Hundió su cabeza en la almohada y después de unos segundos sus ojos se ambientaton a la oscuridad y obtuvo visibilidad entre la penumbra de su cuarto; la última vez que vió los numeros rojo brillante de su radio despertador eran las 11.15 de la noche, entonces cayó en un sueño profundo, quedó su cuerpo en parálisis total, en su mente pasaban una y otra y otra imagen, imágenes variadas y difusas.
Llegó su padre entre gritos y ojos ardientes como llamas clavados sobre su cuerpo, levantó su enorme y pesada mano para pegarle una gran bofetada, le agarró entre sus manos y le zarandeaba el cuerpo, entre zollozos y sudor se agitaba, en total e inmóvil quietud, la parálisis se adueñó de su cuerpo, solo pudo respirar profundamente, hasta que el gran suspiro inhalado abrió sus ojos con un gran susto envolvente y el corazon acelerado, entre susto y angustia oprimiendole el pecho miró en acto inconsciente e instintivo la hora, 03.33.
Sus ojos se cerraron despiadadamente como si no importara el gran susto que había pasado su subconsciente e inconsciente aun aletargados.
El calor de las sábanas le fué envolviendo el cuerpo y cayó de nuevo en un profundo sueño, pero Daniela estaba en la ventana, paseando por el borde, elegante y silente, sin mauyar, pudo divisarla entre las sombras.
Le invadió el temor que cayera de la ventana o huyera de casa a esa hora de la madrugada, se levantó de la cama y antes de ello pudo ver que aún eran las 03.33, se dirigió a la ventana y trató de agarrarla, pero Dani le soltó un zarpaso con una de sus patas delanteras, aún asustada por las imágenes que todavía paseaban en su memoria, le molestó y entristeció al mismo tiempo la actitud de Dani, insistió en volver a agarrarla y Daniela en una veloz y acrobática vuelta al aire se lanzó al vacío quedando sostenida solo por sus dos patas delanteras encajadas por sus garras en la madera del marco de la ventana.
El susto y el desespero se apoderaron de su cuerpo y su instinto le empujó a salvar a la gata, volteó e inspeccionó buscando con la mirada algo que le ayudase y su mirada tropezó con los numeros brillantes nuevamente "03.33"; Daniela estaba allí, colgando y prendida fuertemente por su garras a la ventana, justo cuando llevó sus manos hacia su cuerpo para levantarla Daniela en un grave y fuerte maullido, doloroso y escalofriante le clavo las garras en sus manos, pero no para sujetarse a la vida, sino para rasgarle la piel, ver y oler sangre en el ambiente, aruñaba y aruñaba y era insoportable el dolor de las filosas garras rasgando y descuajando su piel a la vez que salía una voz honda, profunda y demoníaca que le gritaba secamente que quería sangre y vacío, el vacío de su alma y la sangre que le alimentaba la misma alma
El corazon latía fiera y fuertemente, nuevamente la parálisis encajonaba su cuerpo en un estado de ahogo y desespero, entre tal parálisis comenzó a balbucear una oración de fé, la misma que le había enseñado su padre en su niñez, para cuando tuviera miedo, para cuando la soledad le asustara y despertó con un AMÉN ahogado en la garganta.
La respiración agitada, el cuerpo tiezo y tembloroso, sus parpados aún pesados y aletargados inspeccionaron la habitación entre penumbras, sin poderse mover aún con el miedo calado en sus huesos y su gélido y sudoroso cuerpo paralizado pudo sentir en la desnudez de su pierna a Daniela recostada a sus pies sobre la cama y ver nuevamente entre un gran susto y asombro los números brillantes : 03.33.
Fuente