Parece que la vida se empeña cada vez en proponernos opciones que invitan a nuestro libre albedrío a ser protagonista de lo que sucede a nuestro alrededor. ¿Es nuestro "ser" el encargado de decidir? o es simplemente el tiempo que hemos dedicado para forjar nuestra personalidad.
Nuestro exterior conforma el vehículo que transporta nuestra esencia y se rige por decisiones supremas que sobrepasan el bien y el mal. Por tanto, somos capaces por sí solos de elegir los caminos que nos llevarán con el reencuentro con el "yo" primordial. Suponiendo que esa sea nuestra tarea fundamental en este plano terrenal, solo debemos coger el dictado de nuestros corazones.
Por otro lado se expresa la personalidad, la cual cultivamos con contactos e interacciones con nuestros semejantes. Sujeta a una legión de comportamientos atrapados por las distintas facetas del ego, es imposible pasar por la vida sin ser presa de alguno de estos, experimentarlos y tomar nota en detalle de sus efectos, es lo que nos impulsa hacia el nuevo escalafón de la evolución entre las dimensiones.
La vida es una escuela donde cada individuo funge como estudiante y maestro a la vez, la evaluación es continua y no detiene el proceso educativo ni un solo instante. Las encrucijadas se nos muestran continuamente y nuestro deber es demostrar lo aprendido ante tales circunstancias.
¡Quizás la muerte sea un receso para luego volver y comenzar el nuevo grado!
Breves apuntes luego de ver un documental sobre la fascinante cultura oriental.