Esperanza o esperar con ansia; ambos términos, al sumarse, nos dan como resultado: Esperanza. Más allá de ser un nombre de mujer o una palabra que suena hueca ante el pesimismo, la esperanza es una virtud que debemos desarrollar en nuestras vidas. Hay que saber qué batallas enfrentar, saber escoger a los enemigos y saber cuándo gastar energías…
Esperar con los brazos abiertos ante lo querido, tener la certeza de que todo funcionará y de que alcanzaremos las metas, es un indicador que alimenta nuestra confianza y seguridad, a tal grado que, si lo crees, lo logras. En el día a día, lleno de tantas distracciones, es increíble cómo nos restamos, muchas veces por la misma influencia de los entornos tóxicos a los que nos enfrentamos a diario… La calle es y será dura, y es necesario evitar ser tan duros y severos con nosotros mismos. Y es que no aprendemos con la experiencia ajena; nos toca aprender por la nuestra.
Esperar… ¿Te has preguntado qué esperas? ¿Esperas a alguien, a algo, o aún te esperas a ti mismo? A veces es porque sientes que falta tanto por hacer y has hecho poco. Es esa voz que suena en nuestra mente cuando le bajamos el volumen al parlante y comenzamos a escucharnos.
Esperanza, vida viva… No sé dónde estás, no sé si te llevo conmigo o si contigo mi esperanza misma se va. Hay que limpiar el vidrio y barrer las cucarachas que deambulan cuando nadie más las ve. Hay que esperar lo bueno, porque en medio de las vicisitudes hay una chispa de luz a ojos cerrados; hay un nuevo amanecer en medio del calor inclemente o la lluvia excesiva del pensamiento…
Nos toca luchar desde nuestras trincheras, esas guerras avisadas que hay que enfrentar. Lo bueno es malo, lo malo es bueno. Es una batalla desigual y hay que saber descifrar quién está de nuestro lado y quién no lo está… Será por eso que muchas veces nos ponemos a la defensiva, porque la confianza a veces se hace añicos y llegamos al punto de darle la razón a Karol G y a Marco Antonio Solís cuando vamos por la vida “coleccionando heridas”.
No es una lección de moral, porque esperar, saber esperar, es un asunto que está repleto de paciencia y pasión por lograr las metas de nuestros sueños. No es un guion y no es como lo pintan por ahí, que todo llega rápido porque anhelamos la inmediatez.
Lo bueno muchas veces se cocina a fuego lento y hay que estar pendiente de la flama, de la cocina y de cómo condimentamos esa receta. Se trata de montar un buen pollo y saber descubrir cuándo nos están montando a nosotros en la olla. Cada quien ve si escapa o si muere felizmente como un pollo bronceado al horno.
Esperanza… ¿Qué más esperas de mí? ¿Qué hay que hacer? Te miro, compañera, en mis peores momentos, susurrando que puede ser diferente, que sí se puede. Puede que alguna vez me sienta cabizbajo, pero tu sonrisa avasallante y brillante como un sol es difícil de evitar, y termina por hacerme reír a mí también. Te pareces a mi soledad, te pareces a mi vida; eres lo más bonito que puedo tener para seguir y seguir, y no suicidarme en mis miserias… Hasta la próxima. Dios nos bendiga…
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