Si bien esto es algo que ya abordé parcialmente en mi post ¿Por qué a veces la gente quiere ser engañada?, ahora quiero analizar otro aspecto asociado al autoengaño: la esperanza. Hay un lado oscuro de la esperanza del que la gente rara vez suele hablar; si bien esta puede ser un impulsor para que las personas puedan salir de situaciones difíciles, también puede ser la fuerza que haga que queden atrapadas en ellas.
Por ejemplo, la esperanza de la esposa maltratada de que su marido cambie y deje de golpearla o de humillarla hace que quede atrapada en una situación de abuso doméstico. La esperanza de que el hijo que está metido en una banda deje atrás su mala vida —cuando no hay ninguna base real que indique que este realmente lo va a hacer— puede exponer a las personas a situaciones de riesgo (quedarse atrapado en una guerra de pandillas o tener que endeudarse para pagarle a la banda por protección, por ejemplo). Asimismo, la esperanza de que un hermano deje las drogas puede atraparte en una situación en la que corras el riesgo de que este te agreda cuando critiques su comportamiento o te robe para financiar su adicción.
La esperanza sana se basa en evidencias y acciones concretas, mientras que la esperanza en contextos de abuso o adicción suele ser un pensamiento mágico que se vuelve peligroso cuando se convierte en una excusa para no tomar decisiones difíciles o para justificar la inacción ante el maltrato. Esperar que alguien cambie solo porque lo deseas o porque «el amor todo lo puede» es ceder el control de tu vida al maltratador o a la persona autodestructiva.
Cuando financias la deuda de un adicto o justificas el primer golpe del maltratador con la esperanza de que «será la última vez», te conviertes, sin quererlo, en un habilitador de su conducta. La esperanza tóxica actúa como un anestésico que te impide ver que, al intentar salvar a quien no quiere ser salvado, estás financiando tu propia destrucción.
Las estadísticas globales y de organismos como los CDC de Estados Unidos respaldan la esta cruda realidad: mientras que 1 de cada 3 mujeres sufre de violencia doméstica a lo largo de su vida, los programas clínicos de rehabilitación para agresores muestran un panorama desalentador, con tasas de reincidencia que oscilan entre el 60% y el 80% a mediano plazo. Esto nos indica, que la gran mayoría de las veces, la otra persona no va a cambiar, al menos no de manera positiva ni por voluntad propia.
Puede ser doloroso admitirlo abiertamente, pero cuando alguien cercano a uno emprende un camino hacia la autodestrucción, se tienen dos caminos: se le puede tender la mano y ahogarse junto con esa persona, o se puede cortar con esa relación porque va a hacer daño. Hacerlo no es nada sencillo, porque implica matar la ilusión de un futuro mejor al lado de quien amamos.
La cultura occidental actual nos ha vendido la idea de que abandonar a alguien en su peor momento es un acto de crueldad, cuando en realidad, quedarse a naufragar con él es irracional. Sin embargo, salvar tu propia vida jamás debería ser motivo de culpa. La esperanza debe ser un faro que te guíe hacia adelante, no una cadena que te ate al fondo del océano junto a un barco que ya se está hundiendo.
Algunos especialistas en psicología, señalan que a veces hay que hacer el duelo de la persona mientras aún está con vida. Ese duelo significa aceptar que el hermano, el hijo o la pareja que conociste (o que idealizaste) ya no existe, y que la persona real actual es un peligro para tu estabilidad financiera, física o emocional. Abandonar la esperanza de que alguien cambie no es un acto de egoísmo; es un acto de autopreservación.
Entender esto no nos vuelve seres fríos o desalmados; nos vuelve realistas. El amor por el otro tiene un límite infranqueable, y ese límite es tu propia dignidad, tu paz mental y tu seguridad física. No puedes obligar a alguien a ver la luz si ha decidido abrazar la sombra, y pasar tu vida esperando que ocurra un milagro solo te garantiza ser la víctima colateral de su caída.
Al final, la esperanza más valiosa, y la única que realmente puedes controlar, es la esperanza en ti mismo: la certeza de que tienes el poder de elegir la vida, incluso si eso significa dejar atrás a quienes decidieron destruirse.
¿Alguna vez has tenido que renunciar a la esperanza de que alguien cambiara para poder salvarte a ti mismo?
Los leo en los comentarios.
Nota. Todas las imagenes fueron generadas con Gemini AI.