Hay un fenómeno arquitectónico muy peculiar que invade cada rincón de la ciudad donde vivo. Tal vez por el fenómeno de ser una ciudad caprichosa, ente construida sobre montañas, razón por la que enfrentarse constantemente a elevaciones y desniveles, es algo común. ¿Pero qué hacer cuando el grado de inclinación de una "loma" es demasiado elevado? Bueno, aquí la solución que encontramos fueron las escalinatas.
Muchas veces en los lugares más insólitos, por momentos sirviendo como "fronteras" entre un barrio y otro. Estas forman parte indisoluble del imaginario colectivo de la ciudad muchas veces usadas de punto de referencia y de encuentro es una particularidad por la cual los visitantes se suelen asombrar, pero que cuando se vive en una ciudad tan agitada como esta muchas veces parecen volverse invisibles mimetizarse con el terreno como una calle más.
Algunas han ganado renombre por su trascendencia cultural o histórica, como ya es la tan famosa escalera de Padre Pico. Construida en 1899 con 52 escalones, ha sido escenario de muchísimos eventos que han marcado la historia de Cuba. Algunos relatos incluso dicen que en esta escalinata fue velado el cadáver del Padre de la Patria. Y sin dudas guardará muchos otros mostos y leyendas por descubrir de madrugadas bohemias y trovadores afinando sus guitarras al pie de algún escalón.
Este elemento junto a sus tan famosas lomas ha permeado incluso el andar tan característico del pueblo Santiaguero y dicen los que saben que quien visita Santiago y se atreve a enfrentar el reto de subir una de estas escalinatas para siempre conserva parte de este ritmo tan peculiar qué tiene la ciudad más caribeña de Cuba.