Se escuchó el toque de silencio.
Vi la bandera sobre el féretro, las flores, el dolor, a todo un regimiento homenajeando al héroe.
Tiré sobre la tumba unos claveles blancos y como buena viuda limpié mis lágrimas con un pañuelito blanco con iniciales bordadas.
Tomé a mi hijo de la mano y bajé el tul de mi casquete.
A estas alturas, nadie tenía porqué detectar mis emociones ni saber que hay hombres, que sólo son héroes fuera de su casa.