Foto sacada de google
Desde pequeña soñé con viajar por el mundo y pasar miles de navidades fuera de casa, lo que no sabía era que de grande me tocara partir lejos de todos y mis navidades ya no iban hacer las mismas.
Cuando volví, mi sueño era no volver a separarme por tanto tiempo y menos unas navidades, pero lo que no sabía era que les tocaría partir a ellos. Hoy estamos cada uno en un país diferente y a decir verdad no sé ni cómo sentirme.
La situación país nos ha obligado a separarnos bruscamente. Y no sólo a mí, a miles de venezolanos. Incluso, dentro del mismo país, estamos lejos unos de otros. Sientes que tienes todo para sonreír, pero una mínima cosa es suficiente para hacerte romper en llanto sin tregua.
Cuando llegaba diciembre, mi felicidad era reunirme con todos primos y armar la mejor noche buena y el mejor fin de año, luego de ello, viajar a otro estado el siguiente año. Era como un ritual, para abrirle las puertas a los viajes durante el año, y siempre nos resultó.
Fechas juntos, lográbamos compaginar tanto, que no importaba si teníamos que quedar en vela toda la noche porque éramos tantos que no habían camas suficientes y si no dormía uno, no dormía ninguno.
Las mejores fechas, hasta que comenzaron a quedar sillas vacías en la mesa a la hora de cenar, y ya sobraban camas. Fuimos siendo menos de a poco, que ahora no quedamos ninguno. Todos estamos lejos, a miles kilómetros de distancia y con la imposibilidad de tomar un vuelo y reencontrarnos cada vez que nos extrañemos más de la cuenta.
Lo único que nos une, es un cielo y la misma linda. Ver el cielo en aquellos lugares donde compartíamos tanto, es ver cada risa y cada broma que nos hacíamos. Quisiera devolver el tiempo, para volver a tenernos cerca y disfrutar un poco más, lo que nos faltó por disfrutar.
Comienza hacer más frío cuando te falta el calor de ciertas personas en la cena de noche buena.
De lejos los extraño.