Hace un par de años sembré semillas de romero que me dieron en una jardinera que tengo en mi terraza, sin mucha fe de que saliera nada de ahí. Semanas después la planta empezó a agarrar y poco a poco fue creciendo hasta hacerse tal y como os muestro ahora.
El Rosmarinus officinalis, esa planta que tiene tantísimas propiedades y que es tan común en el bosque mediterráneo, donde crece sin demasiadas necesidades, y que aguanta muy bien las altas temperaturas y las largas temporadas de sequía que se dan en esta zona, con veranos cada vez más largos y con lluvias que brillan por su ausencia.
En la cocina tiene un uso muy común en nuestra gastronomía, ya que es un condimento que potencia el sabor de los alimentos, usándose en guisos tradicionales, en carnes y pescados al horno y como aromatizante para aceites.
En cuanto a sus propiedades medicinales, este arbusto mediterráneo tiene numerosas y variadas, usándose desde hace cientos de años, ya que los romanos y los griegos le daban uso a menudo.
Estas propiedades van desde antibactericida, antiséptico, fungicida o balsámico, hasta ser diurético, antiinflamatorio, antiulcerogénico o antioxidante. También se usa como cicatrizante o para problemas de artritis... Casi infinitas sus cualidades positivas para incontables enfermedades que se tratan con esta mágica planta que se considera el romero.