Victoria del futuro, esto es para ti. A veces me sorprende como puedes agarrar las certezas con las manos y luego olvidarlas. Las certezas. Tus propias manos. Entonces te lo dejo aquí escrito, con todos de testigo para que no se te olvide que existes.
¿Qué hacer para no olvidarse? ¿Qué nos hace sentir presentes, validados, queridos, amados?
Al menos en mi caso, el origen de todo esto suele estar fuera. A veces siento que existo solo si alguien más me observa, me escucha, me toca. De resto, pocas veces sé dónde me encuentro.
Entonces me preguntaba, ¿qué pasaría si comenzara a hacerme estas cosas yo misma? Escucharme, acariciarme, hablarme, darme regalos, felicitarme…
Creo que eso es el autocuidado.
Y es una cosa nueva para mí.
Y es normal. Capaz ustedes tampoco lo habían escuchado.
Aquí va de nuevo: autocuidado. Es bella esa palabra. Se explica sola. Solo se necesita a sí misma para existir.
Es algo que llevo practicando desde hace poco tiempo. Sin duda, detenerse a analizarse profundamente no es como pelar papas.
Y menos cuando el resto del mundo parece estar en una competencia de velocidad para llegar a un sitio que nadie sabe bien cuál es.
Ahora que todos se tienen que detener, parece un momento ideal para indagar en cómo nos relacionamos con nosotros mismos. Tenernos paciencia. Hablarnos con cariño. Sin apuro. Sin presiones.
Después de todo, estaremos con nosotros durante un tiempo. Mejor llevarnos bien.
Y el cuidado ¿qué es?
No sé ustedes pero, a mí me suena como a una mezcla entre amor y atención. Es amarilla esa palabra. Eso lo tengo claro.
Intuyo que estas nociones vienen de la infancia. De nuestros primeros acercamientos al mundo.
Empecemos desempolvando algunas cosas.
Por ejemplo, a mí la comida siempre me ha parecido una manera de expresar amor. En mi familia, los eventos más importantes de la vida están siempre acompañados de banquetes caseros que hacen con lo que hay.
A veces parece que todos los días son de fiesta.
Uno de mis desayunos favoritos es el pan con mantequilla y azúcar. Me lo preparaba mi papá para llevarlo al colegio. Y yo era feliz cada vez que abría el papel aluminio y lo encontraba ahí.
Era una cosa sencilla pero se sentía bien saber que a pesar de no tener mucho alguien se tomaba el tiempo de preparar algo especial para mí. Entonces me sentía querida.
Ahí tiene que haber una pista.
Esta es la versión que hace Victoria del pan. Que es igual pero en rodajas y tostado en el horno. A ella le gusta porque el azúcar se vuelve caramelo.
En estos días que uno de mis trenes de pensamiento me llevaba a toda velocidad por caminos extraños, mi mamá nos preparó sopa. Y como siempre reconforta pero nunca llena, quise preparar dumpligs para hacerle compañía.
Esa mezcla me recuerda cuando salía con mis papás a comer comida china.
Ellos pedían sopa de medusa y un platito pequeño aparte. Entonces cada uno ponía un poco de sopa, fideos y medusas en el platito y lo compartían conmigo. Yo me comía el plato exótico emocionadísima.
Después me enteré que las medusas de la sopa nunca fueron medusas. Era solo wanton. Que es como el dumplig pero hervido.
Por el aura mística que siempre habían tenido, pensaba que eran difíciles de hacer. Encontré la receta hace poco y resultó ser muy sencillo.
Entonces los preparo porque nos gustan. Nos recuerdan a algunas mentiras inocentes dichas solo para hacer lo simple más interesante.
Aunque toman tiempo, las preparaciones que requieren de paciencia y habilidades manuales, son las que disfruto más cuando quiero enfocar mi mente en otra cosa.
La masa es lo más fundamental en esta receta. Hacerla solo necesita agua hirviendo y harina. Dos cosas básicas.
Lo que pasa es que hay que amasar. Y amasar. Y amasar otra vez.
Creo que a veces nos puede pasar algo similar.
Muchas ideas básicas hay que amasarlas y amasarlas. Y darles la vuelta. Dejarlas reposar. Y amasar y amasar. Para que queden integradas y puedan formar parte de nuestros cimientos.
Supongo que lo que estoy haciendo es amasar las ideas del amor y el autocuidado para después, poder hacer una empanadita y reconfortarme.
No se necesita de mucho. Sólo de lo esencial.
Hay que cuidar las cosas que sabemos que están. El nido, la casa, la planta. Sostenerlas, arroparlas y quererlas. Para que no se nos escapen si sopla la brisa.
La merienda es la comida favorita de Victoria. Su mamá preparó esta tarta de batata. Quizás por la sensación de recordar haber olvidado algo, sin saber qué es exactamente.
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Vic.