Anunciaste tu partida,
en medio de mi llanto.
Te cerré la puerta entre palabras,
pero abrí la ventana,
solo por si acaso.
Cruzaste la frontera,
no cerramos el trato.
Rompimos el contrato
y no renovamos.
Escribíamos mensajes tanteando el terreno,
en mi mente te desconocía
¿Lo hacía?
Te imaginaba en tu casa,
todavía queda tiempo.
Al cruzar la frontera
vi más lejos tu regreso.
Saliendo de tu país, saltando el charco,
me pediste que afirmara,
una pregunta que te hacia nudo en la garganta;
¿Todo va estar bien?
Pero dime, ¿en ese momento lo estaba?
Afirmando quizás,
más para mí y mucho menos hacia ti
¡Todo va a estar bien!
Entre esa afirmación,
el nudo se zafó.
Entendí que aun en la distancia,
indudablemente habías vuelto.
Entre los días y algunos meses,
entre una pantalla y algunos audios,
meciendo al tiempo,
retando al destino;
aun soltamos la pregunta,
una que ahora deseamos
y con mayor seguridad afirmamos.
¡todo va a estar bien!