La oscuridad le invade,
susurrando con dulzura
que abrace su impulso de venganza malévola.
.-.-.-.
El juramento persiste,
sin embargo.
Aquél que dicta
no dañar a nadie
aunque los tontos provoquen.
.-.-.-.
No recuerda
el tiempo de ese juramento,
pero es un claro impedimento
para tomar la justicia entre manos
y eliminar de la manera más terrible
a aquellos que lo piden a gritos.
.-.-.-.
No obstante,
sabe que algún día explotará,
y la oscuridad que le susurra la venganza triunfará,
porque nadie puede aguantar
tanto abuso de la misma sangre,
ni siquiera el más santo.