Relato: La muerte de Cosme Orlanito

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Nota de la autora: ¡Hola y buen día, mis estimados lectores! El día de hoy les traigo la segunda parte del relato Las deudas se pagan, el cual participó en la octava edición del Concurso de literatura La Abeja Obrera. Este relato particularmente está inspirado en un corto animado de Supinfocom Rubika llamado Neverdie, el cual nos ofrece una narrativa muy interesante sobre las muerte fingidas.

¡Feliz lectura!

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Fuente de la imagen: Pexels

Cosme Orlanito se miró al espejo por enésima vez en lo que iba del día. Con angustia, miró el reloj.

Pronto sería la hora de su muerte, de su liberación. Pronto dará a los medios de qué hablar aparte de sus cuantiosas deudas con las financieras, las cuales fueron descubiertas gracias a las ansias de popularidad de un reportero sin escrúpulos.

Todo estaba pactado en el más absoluto secretismo. Solo tenía que obedecer instrucciones de ellos, quienes se encargarían de todo lo demás una vez culminada la primera fase de la operación.

Miró de nueva cuenta el reloj. Cinco minutos, cinco benditos minutos para su principio.

Pronto acabaría todo...

El timbre de su teléfono interrumpió sus pensamientos. Estaba tentado a responde la llamada, pero algo le dijo que no lo hiciera. ¿Para qué, si de todos modos va a dejar de "existir"? Tomó, pues, el móvil y lo apagó.

Por última vez miró el reloj. Ya era la hora de la función.

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Los titulares gigantes de los periódicos lo decían con toda la claridad posible: Había muerto una gran estrella.

En la tranquilidad de un banquillo en un parquecito de Estambul, Ernestino Menonita leyó con interés lo que decían de Cosme Orlanito, una de las estrellas más famosas de la galaxia gracias a canciones como "Yo estaré contigo" y "Huyendo de las deudas". La mayoría de los periódicos que tenía apilados a su lado mencionaban que su muerte, aparentemente por paro cardiaco, fue resultado de una vida poco saludable y disoluta.

Ernestino no pudo evitar reírse ante la sarta de declaraciones por parte de sus supuestas amistades y enemigos. Todo el mundo hablaba bien del fallecido, colgándose de su fama y derramando lágrimas de cocodrilo. Incluso se reía de los detractores del fallecido, acusándolo de cobarde y de no afrontar "como macho" sus problemas.

Le pareció todo tan divertido que dobló el periódico y se levantó del banquillo con el papel debajo del hombro. Empezó a caminar con tranquilidad mientras escuchaba, a lo lejos, cómo resonaba una canción en la radio de un vendedor de dulces turcos.

Una sensación de nostalgia le invadió al escucharla con cierto deje de arrepentimiento. Sin embargo, lo hecho, hecho está. Las deudas se pagan, pero también de ellas se puede escapar de forma exitosa. Solo se requería una llamada y la voluntad de abandonarlo todo en pos de la paz.