"La punta del iceberg: aproximación a un relato de Rubén Wong"
Saludos a todos los lectores de la comunidad Literatos de Hive. Hoy quiero compartir con ustedes un cuento del narrador cubano Rubén Wong, perteneciente a su serie "Cuentos del Teléfono", que él mismo publica en redes sociales. Lo hago con su autorización y con el deseo de explorar juntos esta pequeña obra maestra de la narrativa breve.
I
Había olor a basura en esa esquina del Vedado. Bruno y Tony estaban de pie, mirando fijamente hacia una casa. Faltaba poco para las doce de la noche. Bruno, que era el más joven y, al parecer, el más nervioso, fumaba con prisa, como quien tiene los minutos contados para terminar una acción.
De repente, se abrió la puerta de la casa que vigilaban. Salió un hombre de unos cincuenta años, tal vez menos. Se despidió de una muchacha y empezó a caminar. Bruno y Tony lo miraban y empezaron a seguirlo, primero despacio, luego más rápido. Antes de llegar a la otra esquina, Bruno se le acercó lo suficiente y le dio un empujón. Inmediatamente, Tony también se acercó y le dio una patada en el estómago. El hombre cayó en la acera. Bruno y Tony lo golpearon más: patadas en la cabeza, en el pecho, en los testículos. Así, hasta que se cansaron. Luego se mandaron a correr.
El hombre quedó inconsciente en la acera.
Minutos después, Bruno y Tony llegaron a un apartamento. En la sala, una señora con aspecto maternal los miró a los ojos. Sonriente, les preguntó:
—¿Ya está hecho?
—Sí, ya está hecho. La venganza fue servida como tenía que ser —respondió Bruno.
Los tres quedaron en silencio unos segundos, hasta que la señora dijo:
—Entonces vengan para la cocina a comer.
Ya en la cocina, comían despacio.
—Dicen que hay una buena obra de teatro en la sala Llauradó —dijo Tony.
La señora lo miró muy seria.
—Ya vivimos en una obra de teatro; no hay que ir a ninguna sala.
Bruno sonrió.
Tony insistió:
—Dicen que es una comedia.
La señora volvió a mirarlo con la misma seriedad.
—Ya somos personajes de una trágica comedia; no hace falta más.
Tony siguió comiendo.
Volvieron a quedarse en silencio.
Desde la calle llegaban las voces de unos jóvenes que cantaban.
FIN
"El iceberg y sus profundidades"
Este cuento de Wong me parece un ejemplo perfecto de la técnica del iceberg, aquella que Hemingway llevó a su cima y que desarrolló magistralmente en "Los asesinos". Como en el cuento del escritor norteamericano, aquí la violencia ocurre en la superficie, pero lo verdaderamente importante flota bajo el agua.
Observemos: Wong nos da los hechos brutales —la golpiza, la venganza consumada— pero nunca nos dice quién es el hombre golpeado, qué hizo para merecerlo, ni cuál es la relación de Bruno y Tony con la señora maternal. El lector debe construir todo eso. Esa señora que recibe a los muchachos con sonrisa y los invita a comer, ¿es la madre de uno? ¿La líder de un grupo? ¿La instigadora? El texto no lo dice, y esa ambigüedad es precisamente su fuerza.
El paralelismo con "Los asesinos" es evidente: también ahí dos hombres entran a un restaurante a buscar a un boxeador para matarlo, y nunca sabemos por qué. La violencia es fría, casi burocrática. Wong actualiza esa lógica en el Vedado habanero, con sus olores, sus esquinas y sus silencios.
Pero Wong añade una capa más: el diálogo final sobre el teatro. La señora dice que "ya vivimos en una obra de teatro" y que son "personajes de una trágica comedia". Aquí el cuento se vuelve metaliterario. Los personajes son conscientes de su condición de actores en un drama violento y cotidiano. El teatro está en la calle, no en la sala Llauradó. La comedia trágica es la vida misma en la Habana nocturna.
El final con los jóvenes que cantan desde la calle contrasta con el silencio de la cocina. Afuera hay vida, fiesta, normalidad; adentro, el peso de una venganza recién ejecutada y el misterio de una historia que nunca conoceremos.
Wong logra en pocas líneas lo que muchos no logran en páginas: sugerir un universo completo de relaciones, traiciones y lealtades, todo mientras el lector solo ve la punta del iceberg. El resto, el verdadero cuento, ocurre en nuestra imaginación. ¿No estamos en presencia de una obra literaria muy sugerente y valiosa?