Relato: El bibliotecario

Words
439
Reading
2 min
Listen
Play
3y

Nota de la autora: Este relato es una suerte de continuación de Imaginando besos, narrativa con la cual participé hace un mes en el reto de hispaliterario@hispaliterario con motivo del Día Internacional del Beso.

¡Saludos y que tengan un bonito fin de semana!

image.png
Fuente de la imagen: Pexels

Ahí estaba él, sentado en la recepción. Estaba concentrado en su computadora, quizás haciendo inventario, quizás chateando en Tinder, o con la novia, o con su enamorada, o con su esposa; quizás realizando compras de libros en Amazon, quizás... Quizás... Muchos quizás.

Si lo observaba bien, el hombre no era guapo, pero tampoco era feo. Tenía su carisma, eso no lo puedo negar. Su voz no tenía nada de especial; era una voz gruesa y varonil. Un hombre entregado a su trabajo, no sé si de medio tiempo o de tiempo completo; la biblioteca abre de 8 a 8, así que supongo que su turno varía dependiendo del día de la semana.

Ni siquiera nos conocemos más que de vista; la única vez que hablamos fue en el año previo a la pandemia, o quizás dos años antes... O fue en el año en el que me titulé. Ya no recuerdo bien la fecha, pero sí la curiosidad que él tenía respecto a mí. Me preguntó qué hacía, cuál era mi profesión; para ese entonces, y con toda timidez, le respondí satisfactoriamente sus preguntas.

Quizás él buscaba platicar nada más, o quería invitarme a salir, o simplemente fue una cosa casual.

Pero ahora que lo veo más seguido, aunque sea de reojo y con prisas, se me vienen muchas ideas a la cabeza. ¿Qué habría pasado si él me hubiese invitado a salir?, ¿qué cosas habría vivido con él? Y cuando digo cosas, hago referencia a lo íntimo.

En los besos, en las caricias, en las experiencias que de seguro habría disfrutado en el terreno erótico con la infinidad de posturas... En las miles de cosas cochambrosas, para ser lo menos específica posible porque estoy en la biblioteca, con un grupo de estudiantes haciendo sus deberes, y con el sujeto de espaldas colocando libros en los estantes.

Completamente sonrojada hasta el punto de la vergüenza, y hasta diría un tanto... Caliente.

Diablos.

Me levanto de la mesa, meto con prisa mis cosas y salgo corriendo de la biblioteca. Quizás vaya a la cafetería que está cerca de allá a tranquilizarme un poco con un té y un pan de manzana. O quizás me vaya a casa a... Bueno, ya sabrás.

Lo único que sé en este momento es que debo de dejar de leer mangas con contenido smut por las noches.

Relato: El bibliotecario | Ecency