La noche del estreno, el camerino olía a laca y a sudor frío. Mi hermana, vestida de pies a cabeza con ese traje dorado, estaba más pálida de lo normal, incluso debajo de todo ese maquillaje rosa chicle. Se suponía que la obra era una especie de cabaret experimental futurista, y ella, junto con sus compañeras de reparto, hacían de robots o payasos siderales.
—No me acuerdo de la letra. Se me ha borrado todo— me dijo, temblando un poco mientras se ajustaba el cinturón enorme.
A pocos minutos de salir, la cosa se complicaba. De repente, una de las chicas que estaba en el escenario salió corriendo hacia bambalinas con cara de pánico total. Resulta que un cable de la iluminación principal había empezado a chisporrotear y habían tenido que cortarlo por seguridad. El escenario se quedó a media luz, con ese tono verdoso y extraño que apenas dejaba ver nada. Los micros principales también empezaron a fallar, a hacer esos ruidos de estática que te ponen de los nervios.
—¡Es un desastre! ¡No podemos salir así! —decía el director.
Mi hermana, que hasta hacía cinco minutos estaba paralizada, de repente se enderezó. Agarró su teléfono del bolso.
—Sí que podemos. Todo el mundo tiene linternas en el móvil. Y nosotras tenemos las tablets con las letras guardadas como copia de seguridad. ¡Vamos!
Se juntaron las tres. Con una mano se ponían la linterna del móvil cerca del cuerpo para crear esa atmósfera tan rara de la foto, un resplandor rosa y verde como de discoteca abandonada. Con la otra, mi hermana sacó el teléfono para usarlo de pantalla de teleprompter para las tres, porque con el susto no se fiaban de su memoria.
Cuando salieron al escenario, la gente se quedó alucinada. La mezcla de la luz verde que quedaba con el destello rosa que hacían con sus propias luces les daba un aspecto aún más alienígena y frágil.
Tuvieron que cantar a capela o con los micrófonos de pie que milagrosamente funcionaban un poco, pero el público creyó que todo ese caos era parte del show.
Ver a mi hermana allí arriba, de pie frente al micrófono con el teléfono en la mano para no olvidarse la canción, con ese maquillaje exagerado y ese vestido que parecía de papel de aluminio de color melocotón, fue uno de los momentos más raros y bonitos de mi vida. Todo lo que podía haber salido mal, salió mal. Y sin embargo, ella se las ingenió para que pareciera un éxito.
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.