El mar que corre nos atrapa y nos lleva.
Somos olas que no paran y arrasan con todo lo que se lleva a su paso,
chocan con otras piedras y a la vez con otras olas.
No sé a qué lugar se llega o de cual se parte, pero ahí vamos y corremos.
Alguna veces con más fuerza que con otras.
Mientras también somos depósito de las lágrimas y acogedores de personas.
Y de lamentaciones.
Pero también somos calma,
el lugar favorito de algunos.
Aunque estemos a punto de desbordarnos.