¡Ay, mi gente de Matanzas!

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Oficialmente podemos declarar inaugurada la temporada de Venecia criolla, esa en la que no necesitamos pagar pasaje de avión para pasear en góndola, sino asomarnos a la puerta de la casa y ver cómo pasa flotando de todo un poco.
​Ahora resulta que el famoso río Sabicú y los manantiales de toda la vida decidieron hacer un casting de resurrección. ¡Qué resurrección tan oportuna, Dios mío! Se ve que querían salir a saludar, pero vinieron con una arrancada tan furiosa que nos dejaron a todos con el agua al cuello. Y uno pensando que el problema era solo que llovía un poquito más de la cuenta... ¡No, señor! Aquí el verdadero protagonista de la película de terror no es la naturaleza, somos nosotros mismos y nuestra maravillosa manía de convertir las alturas de la ciudad en un vertedero municipal a cielo abierto.
​Lo trágico y cómico a la vez es ver el inventario de lo que baja desde la zona alta de la ciudad empujado por cuatro gotas mal contadas. Por las alcantarillas no corre agua limpia, ¡no! Ahí baja un tren de mercancías subterráneo: sillones viejos, escombros que dejó el vecino de la esquina cuando remendó el muro el siglo pasado, colchones que ya habrían pedido la baja voluntaria y una colección de plásticos que compiten en una regata olímpica hacia los drenajes. Claro, después nos sorprende que las alcantarillas hagan huelga de brazos caídos. Con semejante tranque de muebles y porquerías, ¿qué querían que hiciera el agua? ¿Que abriera un desvío con GPS?
​Lo divertido es el choteo con el que nos montamos en loscarritos improvisados o sacamos los botes, riéndonos por no llorar al ver el refri o los zapatos nuevos flotando en la sala. Pero lo hondo, lo que de verdad te estruja el pecho y te arranca una tristeza honda, es ver cómo nuestra linda Matanzas, la de los puentes y la historia, se nos va ahogando en su propia desidia. Nos duele el alma verla así, tan descuidada, convertida en un depósito de basura flotante donde la desorganización nos inunda mucho antes de que caiga el primer aguacero. Al final, el agua se va, pero la basura se queda... y la pena con nuestra ciudad, esa sí que no hay marea que se la lleve.

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Para culminar quisiera agradecer a la comunidad ladies of hive
También a la bbhproject por apoyarnos tanto ,también pedirles apoyo para karlosalejandro@karlosalejandro que es nuevo en esta blockchain

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