Y tenía consigo, en su mano derecha, esta extraña daga pequeña, con tres piedras medianamente grandes en su empuñadura. En cada piedra se podían ver letras escritas en un sanscrito antiguo, que él podía entender, ya que lo había estudiado, por pertenecer a sus ancestros. Las inscripciones parecían moverse constantemente, hasta que se decidió a tocarlas con sus dedos. En ese instante, las inquietas letras dejaron de moverse, y formaron tres palabras distintas.
La primera piedra decía ayer, y cuando la tocó, su mente lo llevó al pasado. Era una mañana tranquila de su niñez. Ese día comía helado en una banca de la plaza, junto a su padre, todo era tan nítido, tan real, que parecía que estuviera viviéndolo una vez más. Pero era un recuerdo, y él sabía lo que iba a pasar, su padre iba a cruzar la calle, y ese vehículo que no pudo ver, terminó por quitarle la vida al atropellarlo.
Se le removieron las emociones que creía tener olvidadas. Luego el recuerdo retrocedía, hasta el momento preciso en que estaba su padre apunto de cruzar la calle. Y sus memorias sobre ese día, se quedaron allí congeladas. Un brillo titilante apareció en la segunda piedra, a la que él, más por curiosidad, que por sabiduría procedió a tocar.
Ahora su mente lo traslado a su presente, y se veía en la oficina de su jefe. La expresión de su rostro no traía nada bueno. Dijo unas cuantas palabras, y tras un breve discurso, le supo decir que a partir de ese día, sus servicios en la empresa culminarían, en otras palabras estaba despedido. Brilló la tercera piedra, la tocó, y esta lo llevó a un recuerdo nuevo, uno que no había vivido.
Allí estaba junto al lecho de su esposa. Enferma de cáncer, y con muy pocos días de vida, con la muerte asechándola, robándole el brillo de sus ojos, y apagando su voz. Con estos tres momentos de su vida frente a él, las inquietas letras de la segunda piedra de la daga, formaron una nueva frase: Solo uno de los tres puedes cambiar.
Pensó durante algún tiempo, y comprendió que se trataba del pasado, presente, y futuro de su vida. Eran hechos aislados, pero tenía que decidirse por cambiar uno de los tres ¿Pero cuál elegir?
Pensó en tener a su padre vivo y poder conocerlo. También consideró conservar su empleo, y por sobre todas las cosas, en la posibilidad de salvarle la vida a su esposa, que aún no estaba enferma. Razonó que lo de su cónyuge aún no había pasado, y ahora sabía cuál era la enfermedad que la torturaría, en algunos años por venir, lo que de por si era una ventaja. Así que le quedaban el trabajo y salvar a su padre.
Así que escogió salvar a su padre. La segunda piedra armó una nueva frase que decía: Se ha cumplido. Y vivió por segunda vez, volvió a vivir ese día, pero con la certeza de lo que iba suceder. Corrió con todas sus fuerzas para salvar a su padre del accidente, que estaba por ocurrir, hasta que lo consiguió. ¡Salvo a su padre!
Ambos cayeron en el suelo, luego de que había empujado a su padre para evitar ese fatídico accidente. Y del bolsillo del pantalón de su padre, cayó al suelo esa misteriosa daga de tres piedras. Su padre la tomó del suelo, y la guardó. Ahora tendría que vivir una nueva vida, donde tenía muchas más preguntas que respuestas.
Autor: Jean Carlos Villamizar #Venezuela