La tarde está tan triste y tan callada,
tan larga redondez tienen sus notas
que destilan las horas como gotas
sobre el tenue mugir de la vacada.
El ave macilenta y fatigada
renuncia a descubrir sendas ignotas,
detiene el vuelo de ilusiones rotas
por la llanura en grises calcinada,
Así, entonces, bordeando sus orillas,
el recuerdo de cosas bienhechoras
me siembra su calor en las mejillas,
y antes de que ella me pregunte: ¿lloras?,
me siento la nostalgia en las rodillas
quien quita que se duerma en unas horas.
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Imagen y texto de Tomás Jurado Zabala
Gracias por sus amables lecturas