Ya no podía más, cada día era una lágrima que se deslizaba así sin más. Había pasado mucho tiempo acostumbrada a aquella condición. Ella lo ocultó, sabía que era diferente, diferente.
Sus sentidos la hacían vivir cosas distintas, raras para el común de la gente. Una virtud o la marca de una maldición.
Su vida trascurrió entre esos mundo, la realidad y los destellos de sus imaginación. Existía un nexo tan extrecho que no se vislumbraba donde iniciaba y finalizaba la verdad.
Extraña para el resto del mundo continuó, hasta que se dejó llevar por la irrealidad, ya quería descanzar. El mundo tiene sus misterio, hay vidas que siguen más allá de la muerte. No te escapas de tu destino.
Ahora, sigue entre la niebla; conviviendo con una única realidad, la de siempre. Vagando se mantiene por los rincones que su cuerpo material transitó, esperando que se den cuenta que no está, que su casa quedó enterrada en algún lugar.