Cuando te noté por vez primera,
no sabía quién eras,
sólo curiosa observaba,
cómo la luz buscabas.
Casi un mes después,
me detuve sorprendida:
¡eras un girasol,
que apenas florecía!
A unos escasos días,
radiante te exhibías,
con tu hermoso traje amarillo,
a todos embelecías.
Pero rápidamente
te fuiste marchitando;
aún así, allí estaba yo,
tu vida observando.
Un día al regresar,
de tí nada quedaba ya.
Sé que de tus raíces renacerás,
para volvernos a deslumbrar.