¿En qué momento empezamos a creer que para tener una vida valiosa tenemos que parecernos a los referentes, influencers y creadores de contenido, que vemos en redes sociales?
Hace unos días me encontré con un video de una chica de 19 años que hablaba precisamente sobre el impacto del contenido aspiracional; ella se comparaba con Michi Paredes, una popular vlogger e influencer de estilo de vida y belleza, que ha trabajado para marcas reconocidas como Carolina Herrera y fue recientemente a un brand trip con Hero. Esta situación refleja a la perfección cómo el consumo constante de la "vida perfecta" ajena nos empuja a desear realidades que no nos pertenecen. Al final del día, terminamos saboteando nuestra autoestima: comparamos nuestra rutina, cansancio y problemas reales con los mejores momentos de alguien más, olvidando que detrás de esa perfección hay iluminación profesional, ajetreo y una cuidada estrategia de marketing.
Esta reflexión me llevó a pensar en algo más profundo, la trampa del clasismo y las normas sociales que como sociedad hemos tejido. Nos educan, directa o indirectamente, que el éxito es una fórmula rígida compuesta por viajes, marcas, estatus o determinados logros visibles. Al mirar nuestra propia realidad -con su rutina, cansancio y problemas cotidianos que nadie sube a las pantallas- es fácil caer en la pregunta: ¿Por qué yo no tengo eso?. Pero esa pregunta nace de un error de base: intentamos medir nuestro valor con las reglas de juego de otra persona. La realidad es que es natural caer en celos, envidia o frustración porque olvidamos que hay un proceso detrás de lo que involucró su cambio o éxito.
No existen verdades absolutas sobre el éxito
Sin embargo, he comprendido que no existen verdades absolutas sobre el éxito. Para una persona, la plenitud puede significar construir una red amplia de amigos, asistir a eventos y estar siempre rodeada de compañía. Para mí, el verdadero éxito puede estar en la paz de la soledad, la tranquilidad de un espacio propio o un estilo de vida más introspectivo y nómada. Ninguna de las dos opciones es superior a otra, aunque lo parezca; cada persona habita un universo de experiencias vasto y único, y todas son igual de válidas. No todos buscamos los mismos destinos, ni tenemos los mismos puntos de partida, ni encontramos la felicidad o el sentido del éxito en los mismos proyectos de vida. Desear la vida de un influencer es, a menudo, desear una ilusión óptica.
Hemos confundido con frecuencia el valor humano con el precio o la visibilidad de las cosas que la acompañan. No importa el rango, la profesión o el reconocimiento ante los ojos del mundo; el valor de cada ser humano, no se mide por la estética de un feed, ni por la aprobación externa. Cuando cambiamos la queja por la introspección, entendemos que la pantalla funciona como un espejo; si te genera ruido ver la realidad de otra persona, quizás no es que desees su vida, sino que necesitas descubrir qué te falta a ti, en tu propio camino de crecimiento interno.
Mi proceso con el 'Proyecto Glow Up' y la libertad de no buscar aplausos
En esta etapa de mi vida, tras haberme graduado, he decidido abrazar mi propio camino de transformación sin la urgencia de encajar en moldes ajenos. Como parte de esta búsqueda personal de bienestar y hábitos, me he unido al reto El proyecto Glow Up con @lussty.peru
Para mí, compartir mi proceso de transformación desde que me gradué me hace profundamente feliz. Pero lo hace desde un lugar completamente renovado: he dejado de buscar aplausos. Ya no comparto para validar mi valor ante nadie, sino por la alegría genuina de documentar mi propio camino, recordar en el futuro todo lo que cambié y conectar de forma honesta. Esta experiencia me ha enseñado a promover el autoconocimiento en lugar de buscar la aprobación en internet.
Puedo admirar la vida de otros sin querer convertirme en ellos. Puedo desear cumplir mis sueños, crecer y construir abundancia sin sentir que mi vida actual es inferior solo porque todavía estoy en el camino. Mi valor no aumenta con la aprobación de los demás, ni disminuye porque apenas esté empezando.
Esa es la verdadera libertad que vale la pena recuperar: dejar de preguntarnos “¿por qué mi vida no se parece a la de ellos?” y empezar a preguntarnos “¿qué vida quiero construir yo?”.
Aspirar a más es hermoso cuando nace de nuestros propios deseos auténticos, pero el verdadero glow up comienza cuando elegimos querer nuestra propia vida en lugar de desear la de alguien más.
¿Cómo defines el éxito en tu vida actual?
At what point did we start believing that to lead a meaningful life, we have to resemble the role models, influencers, and content creators we see on social media?
A few days ago, I came across a video by a 19-year-old girl discussing the impact of aspirational content; she was comparing herself to Michi Paredes, a popular lifestyle and beauty vlogger and influencer who has worked with renowned brands like Carolina Herrera and recently went on a brand trip with Hero. This situation perfectly reflects how the constant consumption of other people's "perfect lives" drives us to desire realities that aren't our own. Ultimately, we end up undermining our own self-esteem: we compare our routines, exhaustion, and real-life problems with someone else's highlight reel, forgetting that behind that perfection lies professional lighting, a hectic pace, and a carefully crafted marketing strategy.
This reflection led me to consider something deeper: the trap of classism and the social norms we have woven as a society. We are taught—directly or indirectly—that success is a rigid formula made up of travel, brands, status, or specific, visible achievements. When we look at our own reality—with its routines, fatigue, and everyday struggles that no one posts online—it is easy to ask ourselves: "Why don't I have that?" Yet that question stems from a fundamental error: trying to measure our worth by someone else's rules. The reality is that it is natural to feel jealousy, envy, or frustration, because we forget that there is a process behind the changes or success we see.
There are no absolute truths about success
However, I have come to realize that there are no absolute truths about success. For one person, fulfillment might mean building a wide network of friends, attending events, and always being surrounded by company. For me, true success might lie in the peace of solitude, the tranquility of having a space of my own, or a more introspective and nomadic lifestyle. Neither option is superior to the other, even if it might seem so; each person inhabits a vast and unique universe of experiences, and all of them are equally valid. We do not all seek the same destinations, nor do we share the same starting points, nor do we find happiness or a sense of success in the same life paths. Desiring an influencer’s life is often akin to desiring an optical illusion.
We have frequently confused human worth with the price tag or visibility of the things that accompany a person. Rank, profession, or recognition in the eyes of the world do not matter; the value of a human being is not measured by the aesthetics of a social media feed or by external approval. When we trade complaining for introspection, we understand that the screen acts as a mirror; if seeing someone else’s reality creates inner turmoil, it may not be that you desire their life, but rather that you need to discover what is missing from your own journey of inner growth.
My journey with the 'Glow Up Project' and the freedom of not seeking applause
At this stage of my life—post-graduation—I have decided to embrace my own path of transformation, free from the pressure to fit into molds set by others. As part of this personal quest for well-being and better habits, I’ve joined the 'Glow Up Project' challenge with @lussty.peru.
Sharing my transformation journey since graduating brings me deep happiness. Yet, I do so from a completely renewed perspective: I have stopped seeking applause. I no longer share to validate my worth to anyone else, but rather for the genuine joy of documenting my own path, remembering how much I’ve changed, and connecting authentically. This experience has taught me to foster self-awareness instead of chasing online approval.
I can admire others' lives without wanting to become them. I can aspire to achieve my dreams, grow, and build abundance without feeling that my current life is inferior simply because I am still a work in progress. My worth doesn't increase with others' approval, nor does it diminish just because I am only just beginning.
That is the true freedom worth reclaiming: stopping the question "Why doesn't my life look like theirs?" and starting to ask, "What kind of life do I want to build?"
Aspiring to more is beautiful when it stems from our own authentic desires, but a true "glow up" begins when we choose to love our own lives instead of coveting someone else's.
How do you define success in your life right now?