Todo en esta isla que tantas veces visité cuando era más joven y no tenía miedo de morir luce ahora en un estado calamitoso de abandono y decadencia. Todo el que puede, se va. No hay futuro. Yo pertenezco a los lugares en decadencia. Los marginales, los perdedores, los endeudados hasta la camisa, los pobres diablos sin futuro: ellos son mis hermanos de sangre, en sus ojos extraviados encuentro trazos de poesía.