Las relucientes emociones, puras, vengativas e incluso auto-destructivas.
Van y vienen como las tempestades que calman su interior perdiéndose en la lejanía del horizonte, incluso nunca llegan a acabar del todo, solo… que las perdemos de vista. Se alejan, a donde nuestras pupilas no podrán llegar, al menos que tomemos la decisión de seguir aquellas corrientes que guiaban nuestros pasos.
Hay tantos caminos y tan poca luz, nos cega tan fácilmente el destello del sol, impidiéndonos avanzar solo un poco, algunos prefieren las noches taciturnas para avanzar, otros el día lleno de vida y el cantar de las aves.
Siguen la corriente sin perderle de vista, corriendo y corriendo… hasta agotarse.
Se quedan, esperan la noche pacientemente para seguir un nuevo rumbo al amanecer.
La oscuridad es acogedora, tan calmada, silenciosa y paciente.
La luminosidad del día es refrescante, agitada, y totalmente sorpresiva.
¿Seguirías la luz o esperarías la oscuridad?, ¿Cuál utilizas para avanzar?
— La noche para mi es realmente acogedora, y la elegiría siempre.