El niño es un ser humano que está en una etapa, mejor dicho, en un momento de su desarrollo y posee cualidades o características propias. No es un hombre miniatura, simplemente es un ser que se haya en una etapa transitoria y por su puesto de formación.
En este contexto, lo que el niño puede llegar a ser es impredecible porque sus posibilidades son ilimitadas y su libertad es ilimitada. Del mismo modo, lo que el niño debe ser en un futuro dependerá, en gran medida, del papel que desempeñen los padres, la familia y, muy especialmente, los maestros o educadores.
El papel responsable de los elementos antes nombrados podrá labrar, infundiendo ideales, aspiraciones y virtudes , en los niños bajo su responsabilidad, personas adaptadas, ciudadanos dispuestos a construir cada día una sociedad y un mundo mejor.
Si amigo, tal como lo señala el subtitulo, el niño es una hechura, es un producto del medio. Olvidándonos un tanto de lo innato, tenemos que aceptar la influencia casi decisiva del medio ambiente, en la formación del niño.
Esa tarea de formación lógicamente le corresponde a los papás y los maestros. Por tanto, nuestra responsabilidad como educadores, recuerden que quien escribe cumple la función de maestra, es inmensa y no la podemos soslayar.
En este contexto, debemos reconocer que es maestro inteligente el que sabe rodear al niño de un ambiento social lo más excelente posible y, sobre todo, el que sabe enseñar al niño que es él mismo quien debe construir ese medio buscando y haciendo suyos los estímulos más favorables para la formación humana y espiritual.
Sería maravilloso que, en ese proceso de formación, el maestro crease ese clima especial, para que sus alumnos pudiesen formarse en todos los aspectos de su personalidad. Si al niño se le ofrece un ambiente de sentimientos dedicados, de tranquilidad, alegría y cariño, el niño , seguramente, irá creciendo con una mentalidad sana.
Ya para concluir, esta primera entrega, es oportuno resaltar que la realidad de la influencia del medio, sobre todo social, se basa en el hecho que el niño es un ser receptivo por excelencia...definitivamente, son unas esponjas.
...Hasta la próxima sonrisa!!