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Desde que el alba reventó el color en los granados te estaba esperando
Te esperé tanto... Tantas veces, mi voz, a gritos, desparramó su aliento en el gris universo de la tarde como los geranios en la transparencia de las viejas tinajas donde guardábamos los sueños donde, ahora guardo, sola, los recuerdos...
Te amé tanto esta tarde... Ya no llovía, como la otra tarde.. Mis ojos se cansaron, mis labios y mis manos también se cansaron. Te llamaron.Te esperaron. ¡Tanto te amaron...
Mira, te amaron en el cristal purísimo de los lirios en el pozo a la hora en que duerme el ocaso sobre las cañas bravas...
En el perfil de las colinas a media mañana cuando el azul es brillante celofán en las pupilas...
En el rosa de aquellas melodías cuando el colibrí visitaba los soles del pomarroso
También te amaron en el dolor de las ostras que, aburridas, abren sus valvas al resplandor de los manglares y, en las gotas que resbalan por los brotes morados cuando aún no es primavera ni el abril hace sus guiños al naranjo
Amor, después que las caracolas se hayan marchado y vuelvan los duendecillos con azadones rojos a buscar sus tesoros inventados, abriré las puertas de mi huerta, hurgarán con sus palas en mis raíces y, sólo entonces te volveré a decir ¡cuánto te amo!
¡Hay tanto silencio...! Tanta angustia sedimentada en el fondo de mi alma que... cuando el canto del viento entre en mi corazón ya no veré la lluvia ni los árboles
Estarán -conmigo- las estrellas y dirán: Mujer, ¡cuánto lo has amado...!