Aparentaba estar en medio de un vacío que se hacía presente cada noche, cada mañana, con palabras incoloras y ausentes.
Palabras que despertaban pensamientos, más dudas sobre su apacible amor.
Se sentó en un mueble para siempre, allí se quedó junto al tiempo y renunció hasta a la pasión.
Su vacía presencia ahora acompaña al aire, no hay nuevos comienzos, ni viajes, ni sueños, ni siquiera dolor.
Simplemente un alma que se conformó, un sueño que murió al emigrar, pues que dejó tanto que luchó.
Miles de voces hacen eco al encontrar tanto vacío, suplicando no repetir el error.
Lo cierto es que el alma se viste de piedra, ya no se enamora. ¡Ya no!
Seguirán las palabras vacías, la ausencia que se hace más fuerte, palpita de noche un corazón que sabe que ya no hay amor.
Pronto llegará el olvido como llega la noche interminable, como las ráfagas en la lluvia que causan un poco de temor.
La mirada se queda perdida, recuerda lo que tuvo y perdió, se arrepiente de aquel viaje en el que absolutamente nada logró.
Ella sabe que ahora quedan horas interminables, palabras huecas, sin el refugio de un amor.
Él se quedó perdido en una vacía presencia que solo marca su ausencia en cada rincón, disimula sentimientos, pero no encuentra ovación.
No hay perdón de los ángeles cuándo se maltrata el amor, el tiempo es inclemente y la soledad acentuará su dolor.
Quizá en otros brazos vacíos célebre alguna vez una nueva fiesta en su corazón, pero tendrá una cuenta con el universo por aquella ilusión que mató.
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Imágenes propias. Fotografías tomadas con un móvil Blu Vivo One Plus. Cámara f / 2.0 1/100 3.79mm ISO 200. Editadas para los mensajes usando la aplicación de diseños Canva.