Es la oportunidad de aclarar la situación con Carlos, he visitado su casa múltiples veces y veo a su familia desde lejos.
Eso no es el problema, el problema es que siempre que los veo, se desfiguran en muchas sombras
Llego a su casa intrigado por esa sensación desconocida. Me paro al frente de la puerta, la detallo, está algo sucia y descuidada. Toco el timbre.
Me parece insólito que mi amigo no haya salido aún, será porque hoy me presento antes que de costumbre.
Es una noche extraña.
Busco avistar algún movimiento adentro y en efecto están. Escucho sus voces, el ruido dejado por sus pasos. Es el indicio de que no estoy loco.
El comportamiento de Carlos desde un principio fue raro, no solo eso, hasta la forma de vestirse, lo era.
Entonces, comencé con esta locura de querer descubrir su misterio, ardía en deseo de que llegara la noche. Ahora, busco conocer el secreto de esa familia, y lo más esencial, la clave para abrir un espacio entre ellos y yo, inmiscuyéndome; por ello no veía la hora de saciar esta curiosidad.
Sigo revisando por todas las ventanas alrededor de la casa, busco cualquier indicio de presencia de Carlos. Pero nada.
Me dirijo nuevamente a la puerta e insisto en tocar prolongadamente el timbre. El sonido de aquel aparato retumba tan fuerte que cualquiera, a dos cuadras de mí, lo sentiría.
Por fin, la manilla sucumbió ante tanta insistencia. La puerta se dejó manipular abriéndose poco a poco.
Carlos nadaba torpe y lentamente, regresó hacia sí mismo. Sus ojos se veían inyectado de rojos. No habla. Hago el esfuerzo para poder comunicarme. Él lo impide, pero mi agilidad logra romper la barrera y entro.
Miro a los otros, en este punto mi amigo deja de ser protagonista. La habitación lúgubre y silenciosa se abre entregando espacios desconocidos.
-¿Cómo te sientes, Carlos? - le pregunto
-Aléjate…. Aléjate…- grita
Permanece un instante allí, junto a la puerta, inmóvil, parece no entender lo de mi presencia.
-Aléjate… repite muy desorientado, mirando a todos lados.
Su expresión es de preocupación por lo que ocurre. Veo a Carlos arrancando un gesto de amenaza con su brazo.
El obeso gato detrás de él corre al rincón, y Carlos lo sigue.
El episodio se vuelve perturbador, el chico con quien he compartido en ocasiones hoy se ha puesto desquiciado. Corre de un lado a otro. Busca tener mediación con las sombras que capto al otro lado.
Se tapa los oídos. Cae de rodilla, se muestra trastornado. Algo impide que me acerque a consolarlo, se proyecta hacia delante, hacia arriba, volando, hasta que, a fuerza me aproximo, se deja ver la cara. Pero no es como la de antes, es como si yo perteneciese a esa carne, fundida en ella.
Un haz de luz, me absorbe, mientras las sombras corren hacia él ayudándolo a salir de su trance.
Escucho murmullos.
-Se ha ido Carlos, ese espíritu maligno no te molestara jamás…-