La primavera ha llegado después de dos años de ausencia (para nosotros). El año pasado no pudimos contemplar sus colores, sus formas, su exuberancia de vida y desparpajo.
[Fuente](Foto Propia)
Ahora todo está inundado de una enorme gama de colores, de insectos de lo más variopintos en busca de su pequeña porción de polen que los alimente.
La naturaleza lleva todo el invierno tramando este enorme despliegue de vida, que hace que los animales que se encuentran cerca, se alteren y solo quieran copular con todo lo que encuentren a su paso.
¡Ha llegado la bacanal planetaria!
El polen pulula en el ambiente, todo está cargado de sustancias que provocan sensaciones encontradas entre todos los seres vivos, las plantas utilizan esta época del año para manipularnos, usarnos a su antojo y hacer con nosotros lo que quieren.
Nosotros no podemos hacer nada, no podemos resistirnos a sus encantos, a su lenguaje persuasivo, solo podemos dejarnos llevar y sufrir en nuestros cuerpos toda esa locura que supone formar parte de cuerpos altamente hormonados.
Tras una primavera de ausencia, no quiero perderme la que acaba de llegar, sumergirme en su encanto y dejar a mi cuerpo que experimente, una vez más, todo este caprichoso proceso al que el reino vegetal nos expone año tras año.