Imagen de Rebecca Schönbrodt-Rühl en Pixabay
Si uno pudiera deshojar la tristeza,
brindar al viento sus pétalos
como una manera de librar las penas,
entonces habría vacantes en mi corazón
para que la alegría visite sus recodos
dialogar en medio de sonrisas,
contar anécdotas y permitir otros gestos sublimes.
Pero la tristeza es un tallo viejo,
apenas si suelta cascaras
donde el dolor ha cumplido su ciclo,
los golpes llegan tañidos por el tiempo y
el viento teje hojas por las calles,
va llevando tu mirada, mis ojos,
dejándonos el rostro lleno de polvo,
llanto y
horas largas
horas sin lugar
horas sin horas.
No hay flor, no hay viento
solo esta mirada extraviada en la soledad.
Quizá algún día vuelva por otras flores,
nuevos pétalos
y mis manos lavadas por tu sonrisa
puedan deshojar otros días
otras emociones.