Fuente
La vi abordar el tren, algo me impulsó a ir tras ella, no se si fue su hermosa cabellera encendida como el fuego, con esos delicados rayos negruzcos, o era su tez blanca como la nieve.
Me acerqué cuidadosamente, noté un ligero perfume a vainilla, ¡qué dulce!; estaba extasiado, yo la veía y escondía la mirada, ella notó mi fijación y se incomodó, sentí vergüenza, me alejé un poco, mientras, mi corazón latía con rapidez, me estaba hiperventilando.
De pronto, ella volteó a verme y me sonrió, el tren que iba a toda marcha... se detuvo, y con él mi corazón. ella con su mirada parecía que me hacía una invitación, pero me quedé paralizado, se bajó en esa estación y yo me quedé pasmado, el tren cerró sus puertas y continuó su trayecto, me bajé en la estación siguiente.
Me quedó su imagen prendida en mi memoria, pasé la noche soñando con ella, recreando su aroma y su sonrisa, por un momento me sentí en la gloria.
Al día siguiente, misma rutina de siempre, esperar el tren, la busqué pero no la encontré entre la multitud, al cabo de unos minutos, el aroma avainillado vino a mí, cerré mis ojos y al abrirlos, ella estaba a mi lado con una gran sonrisa, ¡Dios!, creí que era una aparición, ella, su bella cabellera, su gran sonrisa y su aroma que me eleva a las estrellas.
Me volví a quedar paralizado, el tren ha llegado, ella lo abordó, desde adentro movió la cabeza en señal de invitación, con nerviosismo entré y los dos nos enmarcamos en el tren con destino al amor.
Soy el autor del relato.