"Los señores de las espinas" (capítulo 6)

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Un bar de mala muerte en bajo Peridoto abría sus puertas a Kashimir y a Melia. Hombres jugando pool a un lado; el ambiente estaba impregnado de olor a meados, mientras que el suelo estaba tapizado de colillas de cigarro y cascaras de maníes. Kashimir se acercó a la barra y pidió una ronda de cervezas. Un sujeto con la cara quemada se acercó a Melia e intentó coquetearle, al ser rechazado la tomaría del brazo; el puño de Melia le cerró la boca al impactar con la nariz rompiéndosela; el sujeto cayó al suelo acompañado de risas de otros hombres que comentaban vilipendios contra su sexualidad, y la típica amplia gama de improperios de un bar como este. Kashimir y Melia se sentaron en una mesa junto a otras cuatro personas, tres hombres y una mujer de color. Fumaban y bebían; la música del ambiente era vulgar pero no estaba a un volumen molesto.

—Me gustaría saber lo que sepan ustedes acerca de la muerte de Alex Silva—dijo Kashimir a los compañeros de mesa. Estos lo miraron seriamente. —¿Qué pasa? ¿Acaso no es tema de conversación?
—¡Ah! ¡Bueno!—Dijo uno de los hombres, el que cargaba una chaqueta de cuero y la cabeza calva y reluciente como una pelota de pool. —A Silva le han dada una paliza…ñ
—Sí, es evidente—interrumpió Kashimir.
—Dicen que tenía deudas de juego y deudas con otras personas… vino la mafia a cobrarle…
—No es la forma en que opera la mafia en esta ciudad—dijo Kashimir. El hombre se encogió de hombros y asintió con la cabeza.
—Es cierto, pero es lo que se dice.
—Pero lo que dice este hombre es cierto—dijo el otro sujeto, el que tenia una mascada sobre la cabeza y una barriga cervecera algo prominente.
—La mafia en Locrian tiene su sello a la hora de matar—comenzó a exponer Kashimir.—La banda del desierto por sus costumbres orientales adoran ahorcar cuando secuestran, y a degollar con espadas de media luna cuando ejecutan en las calles; la banda del loto, en cambio ejecuta partiéndole la quijada a los pobres bastardos contra las aceras, y luego rematando con un tiro detrás de la cabeza—Kashimir bebió un largo sorbo de su cerveza. —Los señores de las espinas solían sacar el corazón, bastante barbáricos a mi parecer… Pero Alex Silva fue derrotado a golpes… Simplemente a golpes, como si hubiera tenido un combate contra expertos en artes marciales que descargaron su furia en él.
—¡Alex Silva era un cabrón y se lo merecía—La mujer interpuso. Kashimir bebió de su cerveza otra vez. La mujer miró fijamente a Kashimir y le dijo: —Ese hombre era un asesino y también un violador; estoy seguro de que él violó a mi hermana…
—Dime quién eres—interpuso Kashimir.
—Eso no te importa…
—Cierto. Así que dime tu nombre.
—Lo único que te diré es que mi hermana era una prostituta, así se ganaba la vida en esta ciudad; Alex Silva la contrató una noche y esa noche, él la violó.
—¿Y no lo denunció con la policía? Aunque la obviedad de la situación es que no hubo caso, a no ser que Alex hubiera asesinado a tu hermana para silenciarla cosa que…
—No la mató, pero sí le hizo mucho daño—el rostro de la mujer estaba lleno de ira. —Supe que le dieron tantos golpes que le reventaron varios órganos antes de caer al suelo donde no murió al instante sino minutos después, no sin antes de cargarse encima. Estuvo bien, pero no fue suficiente.
—Vaya, así que tuvo la muerte violenta y patética que se merecía—comentó Kashimir interrumpiendo a la mujer, esta lo tomó de mala manera. —Sin embargo, ¿eso es todo lo que saben? Es el cotilleo de toda la ciudad. Pienso que estoy perdiendo mi tiempo aquí—Kashimir se terminó la cerveza. Melia también; uno el tercer hombre sacó un cuchillo y amenazó a Kashimir: —Deberías cuidar tus palabras, quizá no sepas con quiénes te metes. Dime, ¿acaso eres un poli de la ciudad? Porque si es así…—Kashimir lo interrumpió quintándole el cuchillo y clavándole en la muñeca contra la mesa de madera la cual por desgracia era muy ligera. Los otros dos hombres se pusieron a la defensiva y saltaron contra Kashikir, este los dribló y sacó una cadena larga, ligera y fuerte tomando a uno del cuello y lo apretó hasta que el hombre cayó al suelo. El otro sujeto se quedó inmóvil hasta que Melia le rompió la botella de cerveza en la cabeza. El hombre sangraba por las cienes y quiso saltar sobre Melia, esta se asustó; Kashimir lo atajó y lo golpeó en la cara hasta dejarlo tendido en el suelo. —Por favor, no te ateverías a golpear a una bella dama—dijo. El bar pese a todo no estaba conmocionado, en cambio los presentes miraban a la pelea como un espectáculo. La mujer entonces sacó una navaja y se lanzó contra Melia quien pudo esquivar sus ataques recibiendo sólo un par de rasguños hasta que pudo cogerle del brazo y con fuerza lo hizo sonar y lo sacó de su lugar.
—Debemos irnos de aquí —sugirió Kashimir. Melia hizo caso y salieron.
—¿Nos vamos a estar peleando en casa asqueroso bar de este lado de la ciudad?
—Para tu desgracia, querida, los bares de este lado de la ciudad tienen como menester que haya una pelea en sus días aburridos, y uno y varios heridos en sus días divertidos.
—Ojalá Landert y Kassia lo estén pasando mejor.

Ya en la calle había mucha humedad; letreros de neón con focos dañados creaban nombres nuevos y obscenos a los establecimientos. El sonido de la gasolina con plomo contrastaba con los contornos de la ciudad nocturna. Un músico tocaba una guitarra acústica en la calle mientras cantaba canciones de paz, alegría, amor y todas esas cosas que son más creíbles al otro lado del puente. Melia asomaba sus ojos a todos los rincones un tanto desconfiada; pocas veces fue capaz de dejar su comodidad de la parte rica de la ciudad; era cierto que en ocasiones se escapaba de la escuela para recorrer aquella zona como otras más distantes. Luego regresaba a casa asustada, con miedo de que sus padres se enterasen de sus travesuras.

—¿Te apetece comer algo?—Preguntó Kashimir sacándola de sus pensamientos.
—No tengo hambre, gracias—respondió mirándolo. Kashimir frunció el entrecejo.
—Vamos, debes tener hambre—insistió.—Hay varios sitios decentes por aquí—llegaron a una esquina donde no había nadie. —¿Puedo ofrecerte un cigarrillo?—Preguntó a Melia.
—Sí, por favor—sacó uno y se lo entregó. Melia lo cogió y lo llevó a su boca. Kashimir sacó el encendedor y le dio fuego al de ella y uno para él. Ambos soltaron una bocanada de humo. Kashimir se acercó más a ella, violando su espacio personal. Melia lo detuvo con una mana sobre su pecho, lo apretó con suavidad hacia atrás. Kashimir la tomó de la mano.
—Vaya, haces que me sienta bastante ofendido—dijo sacando el cigarrillo de su boca con la mano que le quedaba libre.
—¿Qué, por qué?—Preguntó Melia con los ojos bastante abiertos y algo de rubor en su cara.
—Siendo otro sujeto, lo habrías golpeado ya… Pero a mí no. Quería medir tu fuerza.
—¿Es que eres idiota?—Melia fumó y soltó una bocanada de humo muy larga, Kashimir lo imitó.
—Lo que trato de decir es que me esperaba otra reacción de tu parte; ahí en el bar peleaste contra esos cretinos y contra esa mujer; antes eras mucho más diplomática, un caso perdido bajo la mayoría de los contextos a los que nos enfrentamos.—Melia lo miró pensativa unos segundos.
—Sí, tienes razón, he cambiado.
—¡Y sigues estando bastante buena! ¡Joven, bella y rubia!
—Ahora sí que te estás ganando un buen golpe en medio de la nariz—Kashimir dio varios pasos muy teatrales hacia atrás. —Alex Silva…, ¿era como un padre para ti acaso?—Melia cambió el tono de conversación súbitamente.
—No, él no habría servido como padre para ninguna criatura, y gracias a Dios no tuvo hijos. Él fue simplemente un mentor.

Las palabras de Kashimir fueron seguidas de los gritos de un hombre anciano que perseguía a dos delincuentes que huían de la escena. Melia salió corriendo hacia ellos y Kashimir tuvo que seguirla corriendo detrás. Sondearon el espacio con personas caminando mientras miraban al suelo; el vapor del subterráneo; los charcos de lo que debía ser agua de lluvia mezclada con aceite de motor y quién sabe qué más; el anciano ya se había quedado atrás una cuadra y los hombres driblaron a la derecha hacia un callejón bastante profundo aunque iluminado. Melia tenía una muy buena condición física pese a ser una fumadora, aunque a veces se quejara de «ese último cigarillo»; sentía la necesidad de atrapar a esos hombres, era una sensación familiar. Sus ojos estaban puestos hacia adelante pero escuchaba el correteo de unas botas detrás; debía ser Kashimir, pensaba. Llegaron hacia una cerca que daba con una cancha deportiva local e intentaron subirla pero fue cuando Melia tomó a uno de los hombres del tobillo y este cayó al suelo. A continuación, Kashimir llegó a la escena. El hombre soltó una patada que le dio a Melia en el estómago sacándole el aire. Era un hombre de menor estatura que ella. Kashimir lo detuvo y se dedicó a golpearlo con los puños y luego a estrellarlo contra la cerca, contra el suelo y contra un contenedor mientras su compañero miraba. Melia se reincorporó a la acción; tenía rabia en sus ojos recorriendo todo su cuerpo; le ordenó a Kashimir que se detuviera, aquel hombre yacía inconsciente, y los nudillos de Kashimir de su mano derecha estaba sangrando.

—¡Por favor! ¡Déjenelo! ¡Es mi primo!—dijo el otro hombre.
—Regresa lo que robaron y dejaré que te lo lleves con la vida que le quede, sino tendrás un familiar menos—Melia amenazó; el hombre arrojó una cartera por sobre la cerca. Ella y Kashimir se alejaron del callejón, y ya a fuera estaría llegando el anciano al cual le entregó la billetera tal y como estaba.

—¡Por favor!—Soltó Kashimir. —No era necesario que hicieras otra vez de la heroína, Melia. Pensé que ya habías superado tu complejo de héroe.
—Yo… Yo no sé; debiste dejarme sola.
—Te habrían sacado la mierda y te habrían violado hasta matarte, era lo más seguro—Kashimir no estaba enojado pero hablaba con cierta decepción e ironía. Melia se sentía confusa y molesta por escuchar esas palabras. Le costaba articular las palabras para soltar una respuesta correcta. A continuación, un hombre apareció en la escena.
—Vaya, no pensé que los encontraría—soltó este sujeto.
—Disculpe—dijo Melia.
—Los vi tener una pelea en el bar hace un rato—el hombre frunció el entrecejo mientras observaba a Mella. —Veo que han tenido muy malos ratos; como sea, de casualidad escuché que preguntaban por Alex Silva, tengo información que podría servirles. ¿Me acompañan a un sitio? Yo invito.

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