No me molestes María,
que es domingo
y solo vivo unas cuantas horas.
El trabajo me consume entre semana,
drena mi vida y debilita mi alma.
Solo quisiera perderme unas horas
caminar allá en la sierra
donde el calor me sofoca.
Mojar mis pies en el río
y sentir escalofrío
de esta ilusión que me azota.
Dejar de comer que al cabo,
solo es para seguir trabajando,
y trabajar para vivir
esperando un débil salario
que alcanza para comer
y así seguir trabajando.
Mi vida es redundancia
porque aunque crece mi panza
me siento débil, cansado,
como si a diario luchara
y perdiera la batalla.
Por eso quiero irme para el monte
y observar el horizonte
que me parece lejano,
dejar mi vida con el día
qué al cabo vivo
no he estado....
Dibujo y poesía