Ahí no hay nada,
excepto la dureza de un café amargo,
la franqueza de un día soleado,
la firmeza de un pueblo olvidado.
Pero quién olvida la tierra
qué vio nacer el espíritu,
y que bendice el camino
con innumerables historias.
Cómo te extraño Tequetetán!
Tierra que aún nutre mi inspiración,
que llevan en sus ríos la emoción
y en sus acantilados la adrenalina.
Calles empedradas junto a la iglesia,
la casa de Laura la solterona
a un lado de la plaza,
el lago de los patos donde va la raza,
a escuchar los poemas
qué recita el viudo a su amada muerta.
La tumba de la joven nana
de la que me enamoré de niño
por la que aprendí a llorar el alma.
El altar al aire libre
donde Malena dijo: no
en el último minuto.
Pero que aún siento que disfruto,
porque toda esta emoción, aunque triste
aún es vida.
Poesía y fotografía
@saulos