Silenciaré mi voz para que puedas echarme de menos, para que me busques y me halles más allá del recuerdo de lo que vivimos.
Silenciaré mi voz, para que añores las palabras de amor que contenían mis versos, y a mi encuentro salir necesites, ya que no habrá sosiego sintiendo el vacío del querer ausente que alejados nos mantuvo apagando el fuego.
Silenciaré mi voz y pensarás en mi piel, la que un día fue refugio, y en mis brazos envolventes que brindaban cariño, en mi boca y sus besos recorriendo tu cuerpo, en los momentos de placer, donde fuimos fuego y locura, hoy, en herida convertidos.
Porque en el ahora distanciados los labios se volvieron fríos, besando la niebla del tiempo, y las manos, escarcha de hielo intentando descifrar sortilegios, con cenizas de los apasionados deseos.
Y llegará el momento en el que todo dejará de ser, los recuerdos, la pasión, el querer, como espiral en la oquedad de los sueños y hasta el mismo desamor, o hasta la vida que se vive, que nos causa sufrimiento, los acogerá el instante del olvido.
Y a perdonar aprenderemos, soltando temores y sin rencores viviendo, porque hasta el dolor, el odio o el amor acaban muriendo, ya que nada es para siempre.