Para lograr ser una bailarina profesional necesitas hacer algunas cosas, estudiar en una buena academia, practicar hasta el cansancio, tener una buena figura y no dejar que nadie te robe el protagonismo.
Yo tenía todo lo que se necesitaba para conseguirlo. Desde los 4 años soñaba con este momento. Mi madre era testigo de lo mucho que practicaba y me esforzaba por ser la mejor.
Por el ballet hice muchos sacrificios, pasaba cada segundo del día tratando de mejorar mi técnica y dejaba en segundo plano todo lo demás, amigos, familia y diversión.
Es sorprendente, pero las personas no logran entender lo que esto significa; para nosotras, el ballet lo es todo. Desde el inicio del día hasta que te vas a dormir es todo en lo que debes pensar y al soñar sólo te imaginas sobre el escenario.
El público no tiene ni idea de cuánto se debe trabajar para poder estar sobre el escenario. Para ellos es fácil, sólo se sientan a disfrutar del espectáculo, mientras que las bailarinas tenemos que lidiar con la presión, los ensayos, el rechazo y la dura competencia.
Desde que llegué a esta academia he tenido un único objetivo en mente: Ser parte de la Compañía de Ballet Nacional, bailar sobre un escenario y que las personas recuerden mi nombre al terminar cada función. Durante dos años enteros he tenido que soportar la angustia de saber si pasaré o no la prueba, si lograré convertirme en una verdadera bailarina, o si mi carrera y mi sueño se acaban aquí.
Quizá no lo sepas, pero cada año al menos 15 estudiantes terminan suicidándose porque no pueden con esto. Yo no soy una de ellas, aunque algunas veces no puedo evitar pensar en eso. Con todo esto todavía me preguntas ¿Por qué lo hice?
Al entrar en esta academia tienes 4 años para formarte. Continuamente estás siendo evaluado y preparado para lo que verás afuera, aunque allá es mucho peor. Los ojos de todos los maestros siempre están sobre ti, tratando de encontrar un error, un mínimo fallo que les haga descartarte. Pero, si logras impresionarlos, te pueden ayudar a conseguir una audición.
Al finalizar cada año tienes que presentarte ante una compañía, los de primer año casi nunca lo hacen. Para los de segundo es prácticamente obligatorio, si quieres ser reconocido entonces debes hacerlo.
Cuando pasas de 16 años ya no puedes intentarlo más y si a esa edad todavía no eres parte de alguna compañía de ballet, entonces tu carrera habrá terminado.
Este año además de las audiciones individuales, decidieron hacer una presentación grupal. La temática era el circo, algo un poco irónico si consideras la cantidad de personas que solo hicieron el payaso. En fin, cada quién debía audicionar para un papel y los afortunados representarían una historia de amor sobre las alturas. Por supuesto, todas las chicas querían ser la trapecista, incluyéndome.
Durante toda esa semana me estuve preparando, practique tanto e incluso para perder algo de peso suprimí algunas comidas, pero para ella fue tan sencillo arrebatármelo. Estaba tan feliz cuando supo que estaría ante los ojos de todos. Tú ya sabes las reglas: No dejes que te roben el protagonismo.
Así que esta vez fui paciente y aguardé hasta la presentación, ese día tendría el momento de gloria con el que tanto soñaba.
Ella se mostraba tan confiada al columpiarse por el trapecio sin arnés, volaba por los aires de manera casi mágica. Era tan hermoso que simplemente no pude resistirlo. Antes de la presentación aflojé uno de los lados del trapecio y cuando ella subió no pasó mucho tiempo antes de caer desde las alturas.
Todos quedaron sorprendidos con la noticia. "Una chica muere tras caer de un trapecio, se presume que otra estudiante fue la causante de tal tragedia."
Pero, ¿Qué otra cosa podía hacer? Está era mi última oportunidad. Pero supongo que eso ya no importa ¿O sí, oficial?