Me adentro entre las líneas
Me adentro entre las líneas del tiempo, para seguir los pasos perdidos en el andar interno. Ese ejercitar las palabras escritas buscando entender que me hizo la vida para llegar hasta este momento y lugar.
Somos maestros de cada uno de nuestros días marcados en el calendario lunar. Sigo atajando el paso de los cambios en el camino que me había trazado y se cambian las veredas convirtiéndose en caminos nuevos, sin yo quererlo, sin yo pedirlo.
Voy mirando por todos lados, asomándome por las ventanas que deje abiertas mirando los planes que me había trazado; estudios, graduarse, casarse, hijos, graduarles, casarlos y nietos. Voy sacando con pinzas y agregando los cambios cachos, divorcio, hijos lejos y no hay nietos todavía. Es simplemente una adaptación a lo que nos da la vida y no ponernos a llorar.
Me encuentro en el valioso borde del abismo mirando al centro del mismo, como dan vuelta las ideas y palabras que desean salir en forma oportuna para expresar mis ideas, como forma de aliviar el futuro. Un futuro que nadie puede decidir hacia donde va encaminado.
Quien me iba a decir a mi hace unos cuantos años atrás, que estaría sentada frente a esta pantalla conociendo amigos en el mundo de tierras lejanas. Cuánto sentir parecidos tenemos en nuestro haber de escritos. Cuántas líneas cercanas que se cruzan en el infinito de letras.
Se que a veces mis palabras no parecen adentrarse en las líneas, se vuelven repetitivas y que otras frases simplemente los impactan por que se adentran en la psiquis del lector. Son las frases que les llegan en el momento adecuado y que le resultan valiosas al que las lee.
Estos espacios que nos permiten dialogar con nosotros mismos, es el ápice del hielo que llevamos por dentro, lleno de capas y capas de insomnio, de desventuras sin anidar en nosotros. Nuestra capacidad de asombro se queda corto al encontrar a muchas almas en esta situación, esta angustia que nos acontece día a día.
Que nos levantamos con nuestros pies y caminamos medio dormidos sabiendo el transcurrir de nuestro día. No sabemos que más encontraremos dentro de nuestras líneas diarias, pero estamos allí parados cada mañana, con la taza de café abrazada por las manos, calentando nuestro espíritu infatigable, ese que no tiene edad y que espera un saludo al cielo, una señal del infinito.
Hacemos planes para el camino, pero más valioso es disfrutar el paisaje y los alrededores que se nos van presentando en grande pantallas. Tropezamos porque no pisamos fuertes y seguros que nuestros pasos van guiando a otros.