En días pautados
he llegado a sentir el ruido
de la complacencia...
La noche, por el contrario, decrece ese sentir;
pues la luna es un vaivén
que dirige la brisa hacia un mejor andurrial...
A veces contempló el bullicio de la insuficiencia,
del camino que transita la ignorancia...
Hoy, en medio de tanta humanidad,
mi alma carga con una pena de muerte;
lenta como manta de niebla y
rápida como zumbar de ave...
¡Sorpresa!
Quien diría que el saber tiene un precio llamado libertad...