En Cuba el sol abraza,
la vegetación regala su verdor,
y los ríos hidratan los suelos
endulzando las pupilas con fervor.
El agua fluye purificando la vida,
reflejando el azul del cielo,
y las palmas reales alzan sus troncos
como centinelas de la historia.
La brisa mueve las ramas,
acaricia el alma humana,
y la vista se relaja con frescura,
armonizando las emociones.
Nuestra naturaleza es un templo,
un paisaje que canta sin palabras.
Las hojas oxigenan el aire,
y junto al canto de las aves,
es poesía eterna para el hombre.
Mi Cuba Verde siempre presente,
en la mente de todo cubano,
aquí o en otras latitudes.
Es un tesoro sagrado,
que se aprecia más que el oro,
es ese amor que todos llevamos dentro.
Separador de texto. Libre uso por
Poema y foto por Andrés Brunet. Usando un celular Google Pixel 6a
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