Resfriado por la mañanita
Era muy temprano en invierno,
cuando debía salir por estar enfermo,
tomar mi abrigo y cubrir mi cuerpo,
para la farmacia ir y comprar remedios.
Busco las llaves entre mi desvelo,
cuando siento una mano tocar mi pelo,
era él sonriendo y sosteniendo
aquello que tanto buscaba con desespero.
Me senté en la fría cama,
sabiendo lo que significaba,
yo te cuido y te protejo,
esas palabras entendí en el silencio.
Por un momento había olvidado su estancia,
y es que me sentía mal de la garganta,
del pecho, mente y también de la espalda,
como mosca en agua estancada.
Tan pronto pasaron las horas,
el timbre muy fuerte sonaba,
extraño me pareció eso escuchar,
pues a quien esperaba las llaves cargaba.
De dulce y cálida voz,
una mujer con sopa se asomaba,
era mi vecina de al lado
la señora palestina de lago.
Entre saludos y buen deseo,
llega de pronto mi anhelo,
con una bolsa entre sus manos,
y empapado estaba su pelo.
Adiós dijo la vecina,
y mi mano se inclino a despedirla,
estornuda el bello joven,
y de mi boca sale una risa.