The city vibrates in me / La ciudad vibra en mí (eng-esp)
Hello, dear friends.
It's a great pleasure for me to join the Iris's Things initiative.
I'm a city person. This isn't a superficial preference, but rather a conclusion I've come to after analyzing my life and profession. I was born and raised in a predominantly rural province, an environment I value for its tranquility and landscapes.
However, I've always felt my place lay elsewhere. My mind and my vocation resonate with the energy of large cities, and I've identified specific reasons for this.
As a sociologist, large cities are the perfect place for my studies and work. It's where I thrive.
A city is a real-time social laboratory. Here I can observe the interaction of different social classes, cultures, and group dynamics with an intensity that a rural setting cannot offer. Diversity is at the core of my analysis.
I can study phenomena such as gentrification, social mobility, sociocultural movements, and urban conflicts directly, not just through books. The data, people, and institutions I need for my research are here, accessible.
This professional reality extends to my work as an editor and writer. In cities, I thrive because there are more audiences here. There is a critical mass of readers, bookstores, book presentations, cultural fairs, and literary circles.
I can connect with other writers, editors, and journalists face-to-face. Feedback is immediate, and access to the cultural industry is direct. In a small town, my work would be isolated; in the city, it's part of a vibrant ecosystem.
A crucial point is that universities and knowledge centers are primarily located in cities. My academic development depended on moving to a city to study.
Now, as a professional, I depend on access to specialized libraries, conferences, and exchanges with colleagues from other institutions.
This ecosystem of knowledge is an indispensable fuel for my intellectual work, and it simply doesn't exist in the same way outside of urban centers.
Finally, there are many more opportunities for personal and professional growth in cities than in the countryside. I'm not just talking about better jobs, but about exposure to new ideas, ways of life, and experiences.
I can take a course on a specific topic, visit a cutting-edge museum, or meet people with radically different perspectives than my own. This constant stimulation forces me to question, learn, and adapt.
In the city, growth isn't an option; it's a consequence of exposure to its diversity and pace.
I recognize the values of the countryside: peace, community, and space. But for me, that environment translates into intellectual and professional isolation.
The city, with its apparent chaos, is for me a highly efficient system for developing my work, connecting with my audience, and continuing to grow. It's not just where I live; it's where my profession and my person find their natural rhythm.
Versión en español
Hola, estimados.
Con mucho placer me sumo a la iniciativa de Las cosas de Iris.
Soy un hombre de ciudad. Esta no es una preferencia superficial, sino una conclusión a la que he llegado tras analizar mi vida y mi profesión. Nací y crecí en una provincia mayoritariamente rural, un entorno que valoro por su tranquilidad y sus paisajes.
Sin embargo, siempre sentí que mi lugar estaba en otro sitio. Mi mente y mi vocación vibran con la energía de las grandes urbes, y he identificado razones concretas para ello.
Como sociólogo, las grandes ciudades son el lugar perfecto para mis estudios y trabajos. Es el lugar donde mejor vibro.
Una ciudad es un laboratorio social en tiempo real. Aquí puedo observar la interacción de diferentes clases sociales, culturas, y dinámicas de grupo con una intensidad que un entorno rural no puede ofrecer. La diversidad es el núcleo de mi análisis.
Puedo estudiar fenómenos como la gentrificación, la movilidad social, los movimientos socioculturales y los conflictos urbanos directamente, no solo a través de libros. Los datos, las personas y las instituciones que necesito para mi investigación están aquí, accesibles.
Esta realidad profesional se extiende a mi trabajo como editor y escritor. En las ciudades, me desenvuelvo mejor porque aquí hay más público. Hay una masa crítica de lectores, librerías, presentaciones de libros, ferias culturales y círculos literarios.
Puedo establecer contactos con otros escritores, editores y periodistas de manera presencial. El feedback es inmediato y el acceso a la industria cultural es directo. En un pueblo, mi trabajo estaría aislado; en la ciudad, forma parte de un ecosistema vibrante.
Un punto crucial es que las universidades y centros de conocimiento se encuentran principalmente en las ciudades. Mi desarrollo académico dependió de mudarme a una ciudad para estudiar.
Ahora, como profesional, dependo del acceso a bibliotecas especializadas, conferencias, y el intercambio con colegas de otras instituciones.
Este ecosistema de conocimiento es un combustible indispensable para mi trabajo intelectual, y simplemente no existe de la misma forma fuera de los núcleos urbanos.
Finalmente, en las ciudades hay muchas más oportunidades de crecimiento personal y profesional que en el campo. No me refiero solo a mejores empleos, sino a la exposición a nuevas ideas, formas de vida y experiencias.
Puedo asistir a un curso sobre un tema específico, visitar un museo de vanguardia, o conocer a personas con perspectivas radicalmente diferentes a la mía. Este constante estímulo me obliga a cuestionarme, a aprender y a adaptarme.
En la ciudad, el crecimiento no es una opción, es una consecuencia de la exposición a su diversidad y su ritmo.
Reconozco los valores del campo: la paz, la comunidad y el espacio. Pero para mí, ese entorno se traduce en aislamiento intelectual y profesional.
La ciudad, con su caos aparente, es para mí un sistema de alta eficiencia para desarrollar mi trabajo, conectar con mi audiencia y seguir creciendo. No es solo donde vivo; es donde mi profesión y mi persona encuentran su ritmo natural.